En el marco del 50° aniversario del golpe de Estado, el relato de los sobrevivientes recobra una dimensión fundamental para entender la magnitud del plan sistemático de desaparición.

Entre ellos, la voz de Pablo Díaz se mantiene como uno de los pilares para reconstruir lo sucedido con el grupo de estudiantes secundarios secuestrados en septiembre de 1976.


El origen del horror: De "La Legión" a los centros clandestinos

A los 18 años, mientras cursaba en la escuela técnica conocida como “La Legión” en La Plata, Díaz fue arrancado de su cotidianeidad para iniciar un penoso recorrido por el circuito represivo de la provincia de Buenos Aires. Su testimonio, plasmado en el documental español de 1986, define el vínculo humano en cautiverio como una "relación que nace entre el llanto, el silencio y la tortura".

La ruta de la desaparición: El circuito de los "Pozos"

El itinerario de Díaz por los Centros Clandestinos de Detención (CCD) permite trazar un mapa de la infraestructura del terror:

·Campo de Arana: Su primer destino tras el secuestro.

·Pozo de Banfield: Un punto bisagra en su historia, ya que allí compartió cautiverio y vio por última vez con vida a sus compañeros: María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Claudio de Acha, Daniel Racero y Francisco López Muntaner.

·Pozo de Quilmes y Valentín Alsina: Estaciones posteriores de un periplo que buscaba el quiebre físico y psicológico.

·Unidad 9 de La Plata: Su último lugar de detención antes de recuperar la libertad.

Un legado contra el olvido

La figura de Pablo Díaz no solo representa la supervivencia individual, sino la responsabilidad de haber puesto nombre y rostro a una generación diezmada. A cinco décadas del inicio de la dictadura, su descripción de la fraternidad en el dolor sigue siendo una denuncia vigente sobre la crueldad de los crímenes de lesa humanidad en Argentina.