El legendario cantautor catalán recibió el máximo galardón de honor de la Academia de la Música de España con un emotivo discurso contra "un mundo demente". En tanto, la estrella pop se alzó con ocho estatuillas por su álbum Lux pero no fue a la gala.
La tercera edición de los Premios de la Academia de la Música de España, celebrada en el Palacio Municipal de IFEMA en Madrid, combinó la profunda emotividad de un tributo histórico con el desconcierto del negocio pop. El gran eje de la velada fue Joan Manuel Serrat, quien a sus 82 años y retirado de los escenarios desde 2022, recibió el Premio de Honor y fue ovacionado de pie tras brindar un discurso íntimo que reivindicó la memoria, los lazos familiares y el amor por el oficio.
Fiel a su característico sello irónico, el creador de clásicos imborrables como "Mediterráneo" o "Penélope" definió la distinción como "un premio a la supervivencia" y bromeó con que hubiese preferido la terna de artista revelación. Sin embargo, su mirada rápidamente se tornó reflexiva frente al auditorio: «Menos mal que me han dado este premio este año, porque el que viene quién sabe dónde estaremos con este mundo absolutamente demente, cretino y desalmado que se está instaurando a nuestro alrededor», lanzó el músico, despertando el aplauso unánime de colegas y referentes de la cultura iberoamericana.
Raíces obreras y el privilegio del adiós
Serrat conmovió a los presentes al evocar sus infancias en el barrio barcelonés de Poble-sec, ligando su vocación a la cotidianeidad de su hogar. Se definió como hijo de obreros y nieto de campesinos, recordando con ternura a su madre cantando mientras realizaba las tareas domésticas en la cocina.
Asimismo, puso en valor la fortuna de haber manejado los tiempos de su propia retirada tras casi seis décadas musicalizando las obras de poetas esenciales como Antonio Machado y Miguel Hernández. La encargada de conferirle la estatuilla fue la presidenta de la institución, Sole Giménez, quien describió al catalán como "la palabra hecha canción, la conciencia hecha arte y la belleza unida al compromiso".
Andrés Suárez, María Terremoto, Iván “Melon Lewis” y Antonio Serrano matizaron la noche recreando parte de su cancionero, antes de que el autor se despidiera con una última línea sobre la vejez: "Sé que a todos y a todo nos alcanza el olvido, pero espero no olvidarme nunca de ustedes, al menos antes de que ustedes se olviden de mí".
Ocho estatuillas para una "agenda ingobernable"
El reverso de la emotividad de Serrat lo protagonizó el fenómeno comercial de la jornada. La cantante catalana Rosalía arrasó en los apartados técnicos y artísticos al adjudicarse los ocho galardones a los que aspiraba gracias al impacto de su disco Lux, cosechando los títulos de Artista del Año, Álbum del Año y Canción del Año (por el tema “La Perla”).
El faltazo de la jornada: A pesar de ser la figura más premiada de la noche, Rosalía no se presentó en el recinto madrileño ni envió delegados para retirar sus reconocimientos. La llamativa ausencia fue justificada sobre el escenario por José María Barbat, presidente de Sony Music España, quien intentó disipar el malestar del auditorio explicando de manera escueta que la artista posee "una agenda ingobernable".
La gala también repartió alegrías para el músico Leiva, quien se adjudicó cuatro distinciones, y completó su grilla de ganadores con reconocimientos para proyectos consolidados de la escena española como Amaral, Luz Casal, Lia Kali y Fito y Fitipaldis, además de la colaboración internacional entre Salvador Sobral y Sílvia Pérez Cruz.
