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Los datos recientes del Banco Central revelan un panorama económico sombrío, donde la inversión se ha desplomado a sus niveles más bajos en años. La Inversión Extranjera Directa (IED) ha tocado un mínimo histórico en 2024, alcanzando su peor cifra de todo el siglo XXI. De hecho, para encontrar un registro similar en 2025, hay que retroceder hasta 2017. Este colapso no solo habla de una falta de interés del capital foráneo, sino que también subraya una profunda crisis de confianza en la economía. Las promesas de atraer capitales con reformas estructurales no se están reflejando en la llegada de dólares productivos, sino todo lo contrario.

El éxodo de dólares: la otra cara de la crisis

Paralelamente al desplome de la inversión, se observa una masiva fuga de divisas. En un solo mes, julio, la salida de activos del sector privado no financiero totalizó $5.432 millones de dólares. Esta cifra se acumula a lo largo de siete meses para sumar un total de $14.199 millones, superando el crédito de $12.000 millones que el Fondo Monetario Internacional (FMI) giró al país. Lejos de ser un fenómeno de grandes corporaciones, la fuga de capitales ha llegado al ciudadano común: 1,3 millones de personas compraron dólares en el mes de julio, un número que supera ampliamente a los 576 mil que vendieron. Este comportamiento refleja la desesperación y la búsqueda de refugio ante la incertidumbre económica.

El turismo y las compras online profundizan el déficit

El déficit en la balanza de turismo y consumo con tarjeta también se ha disparado, alcanzando en julio su pico más alto del año con $963 millones. Este desequilibrio no se explica solo por los viajes, sino también por el aumento del gasto en servicios digitales y compras por internet en el extranjero, que suman cientos de millones de dólares. La ironía de la situación no pasa desapercibida en los círculos financieros, donde los analistas señalan que, mientras el país recibe ayuda financiera para estabilizar la economía, los dólares continúan saliendo a un ritmo acelerado. En definitiva, la realidad económica parece contradecir el relato oficial: los capitales ya han "votado", y su decisión ha sido la de abandonar el país.