Por: Juan Carlos “Bocha” Benedetti y Néstor Sandoval
Plaza Huincul es, por definición, "la ciudad de las dos historias". Como las ramas de un mismo árbol, una historia es madre de la otra: la del pueblo petrolero, que nació bajo el sol del desierto, y la del pueblo libre, que se gestó con la voluntad de sus habitantes.

El origen: entre el desierto y el "oro negro"

Para entender el presente, hay que mirar atrás. Al momento del descubrimiento del petróleo, lo que hoy conocemos como Plaza Huincul no era más que un "peladero" casi deshabitado, donde el rancho de Carmen Funes se erguía como la referencia ineludible en el horizonte.

El ferrocarril fue la columna vertebral que permitió la llegada de los sueños. Hombres y mujeres arribaron buscando trabajo, siguiendo el tendido de las vías y el impulso del "oro negro" que corría por las venas de la tierra. Aquel campamento petrolero fue el cimiento, la madre de la ciudad, donde el trabajo duro se convirtió en la única moneda de cambio para un futuro mejor.

El surgimiento de la vereda comercial

A medida que el pueblo crecía, surgieron necesidades cotidianas: una churrasquería para el almuerzo, un copetín al paso, la leche fresca, un cuarto de hotel o el brillo de un farol. Fue así como la vida comercial comenzó a poblar la vereda sur de la Ruta 22, transformando el paisaje.

Aquellos pioneros del comercio, instalados a lo largo de lo que hoy es la Avenida San Martín —desde el histórico Kiosco Blanco hasta la imprenta de Rosell— no solo vendían productos; estaban construyendo comunidad. Fueron varios de ellos, con su esfuerzo diario detrás del mostrador, quienes comprendieron que el pueblo necesitaba más que petróleo: necesitaba voz propia.

También hubo vecinos que estaban agotados por las imposiciones del Administrador de YPF. “Al sur del ferrocarril, había que pedir permiso hasta para pintar las casas”, contaban para expresar su hastío.

El salto a "Pueblo Libre"

Esos mismos comerciantes, que vieron crecer al pueblo desde sus negocios, se convirtieron años más tarde en los artífices del reclamo por el "Pueblo Libre". La municipalización, concretada un 24 de abril de 1966, fue el resultado de años de maduración social.

Hoy, cerca de cumplirse 60 años de aquel suceso, Plaza Huincul no solo celebra su autonomía administrativa, sino que rinde homenaje a quienes supieron tejer la historia de este rincón neuquino.

Recordar a esos vecinos, que pasaron de atender las necesidades de los petroleros a liderar la gestión de su propio destino, es la mejor manera de honrar las dos historias que hacen a esta ciudad única: la que nos dio el origen y la que nos regaló la libertad.