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El cosmos prepara su función principal de abril. Entre la noche del martes 21 y el amanecer del miércoles 22, la Tierra cruzará la estela de polvo del cometa Thatcher, dando lugar a la lluvia de estrellas conocida como Líridas. Este año, la astronomía juega a nuestro favor: la fase lunar permitirá una oscuridad casi total en el momento justo del pico de actividad.

¿Por qué este año es especial?

La visibilidad de los meteoros suele verse opacada por el brillo de la Luna. Sin embargo, en esta ocasión, nuestro satélite se ocultará temprano, dejando un "telón negro" ideal para detectar incluso los destellos más tenues.

·Intensidad: Se esperan entre 10 y 20 meteoros por hora.

·Velocidad: Los fragmentos impactan la atmósfera a 49 km/s, creando trazos de luz persistentes.

·Bólidos: Existe la posibilidad de ver "bolas de fuego", meteoros inusualmente brillantes que destacan sobre el resto.

Coordenadas y consejos para la observación

Aunque el radiante (el punto de origen visual) es la constelación de Lyra —cerca de la brillante estrella Vega—, los expertos sugieren no clavar la vista en un solo punto, sino dejar que los ojos recorran todo el firmamento.

Para una experiencia óptima:

El momento de oro: La madrugada del miércoles 22, preferentemente después de las 00:00 h.

Ubicación: Escapar de la contaminación lumínica urbana. El campo o la montaña son los mejores aliados.

Adaptación: El ojo humano tarda unos 30 minutos en acostumbrarse a la oscuridad total. Evitá mirar el celular durante ese tiempo.

Equipo: No gastes en telescopios; las Líridas se disfrutan mejor a simple vista para captar el mayor campo visual posible.

Un legado de milenios

No estamos ante un evento moderno. Las Líridas ostentan el título de una de las lluvias de estrellas más longevas de las que se tenga memoria, con registros que se remontan al año 687 a.C. en civilizaciones antiguas.

Cada abril, repetimos este ritual histórico cuando nuestro planeta atraviesa los escombros dejados por el cometa C/1861 G1 (Thatcher), un viajero espacial que completa su órbita cada 415 años y cuya huella polvorienta nos regala, una vez más, una noche para el asombro.