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La ciudad de Neuquén consolidó su rol como epicentro del desarrollo energético nacional con la inauguración formal del Instituto Vaca Muerta, un centro de formación técnica de vanguardia ubicado en el Polo Científico Tecnológico.


El acto, que reunió al gobernador Rolando Figueroa, al intendente Mariano Gaido y a autoridades nacionales y del sector hidrocarburífero como el CEO de YPF, Horacio Marín, marcó el inicio de una etapa clave para la industria: la profesionalización masiva de la mano de obra local.

La relevancia del proyecto quedó de manifiesto antes del corte de cinta, ya que el proceso de inscripción atrajo a más de 17.000 interesados, de los cuales los primeros 670 ya se encuentran cursando los trayectos formativos.

La propuesta académica del instituto ha sido diseñada de manera quirúrgica para responder a las necesidades reales de los yacimientos, ofreciendo cursos intensivos de cuatro meses en áreas críticas como perforación, fractura hidráulica, producción y seguridad operativa.

Estas capacitaciones cuentan con la certificación del Consejo Provincial de Educación y combinan una sólida base teórica con prácticas de alta complejidad mediante el uso de simuladores y laboratorios de última generación.

El objetivo final es formar entre 2.000 y 3.000 especialistas por año, garantizando que el crecimiento proyectado de la actividad energética para la próxima década encuentre trabajadores calificados y preparados para los desafíos del terreno.

Durante la ceremonia, las autoridades coincidieron en que la educación es la herramienta fundamental para igualar las oportunidades ante el fenómeno migratorio que vive la provincia, donde miles de familias llegan anualmente buscando un futuro en la industria del gas y el petróleo.

El proyecto no solo cuenta con el impulso estatal, sino también con la participación activa de más de 20 empresas operadoras y de servicios que colaboran en la definición de los contenidos.

Además, el desarrollo del Distrito Tecnológico contempla una fuerte integración universitaria, con la cesión de tierras a instituciones como la Universidad Nacional del Comahue y la UTN, asegurando un ecosistema donde el conocimiento científico y la innovación productiva convivan en un mismo espacio físico.