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Lo que alguna vez fue un motor industrial en el extremo sur argentino hoy enfrenta un escenario de supervivencia límite. En apenas tres años, la industria textil de Tierra del Fuego ha sufrido una hemorragia productiva que resultó en el cierre de cinco plantas emblemáticas, dejando un rastro de desempleo y una capacidad instalada que opera bajo mínimos históricos.

Una estructura en ruinas

El mapa gremial de la Asociación Obrera Textil (AOT) es el reflejo más fiel de este retroceso. Según Roberto López, referente del sindicato, el ecosistema industrial ha colapsado de forma alarmante:

·Antes: 7 fábricas activas integraban el núcleo del sector.

·Ahora: Solo resisten 2 establecimientos (Australtex y una hilandería en Ushuaia).

·El factor judicial: La continuidad de las pocas plantas restantes no es económica, sino legal; empresas como Australtex dependen de medidas cautelares para no apagar sus máquinas.

La crisis en cifras: el impacto nacional y local

La problemática excede las fronteras de la isla, configurando una crisis de carácter federal. La pérdida de masa crítica en el sector es evidente en el padrón de afiliados: de representar a 35.000 trabajadores, el gremio hoy apenas llega a los 20.000 a nivel país.

Río Grande, históricamente el corazón manufacturero de la provincia, se lleva la peor parte. El cierre de las últimas unidades productivas dejó a 550 familias sin sustento, forzando una reconfiguración social forzada. Trabajadores que migran hacia el cuentapropismo o la informalidad. Familias que abandonan la provincia ante la falta de horizontes laborales. Un mercado interno deprimido que no ofrece señales de recuperación.

"Estamos ante uno de los ciclos más oscuros de las últimas décadas, comparable con las crisis más profundas de la historia argentina", advierten desde la conducción gremial.

Las causas del "apagón" industrial

El diagnóstico sindical identifica una "tormenta perfecta" que asfixia a los fabricantes locales. La imposibilidad de competir con productos extranjeros que inundan el mercado. La pérdida del poder adquisitivo doméstico que detiene la demanda de prendas y telas. Una estructura de costos que, ante la baja producción, se vuelve insostenible.

El debilitamiento del entramado productivo no solo afecta la economía inmediata, sino que pone en duda la viabilidad a largo plazo de la industria textil bajo el actual modelo económico.