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En una extensa disertación de más de una hora ante la Bolsa de Comercio de Córdoba, el presidente Javier Milei volvió a ratificar el rumbo de su gestión económica con una fuerte carga política y técnica.

Acompañado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni —en medio de las controversias por los recientes viajes oficiales y las denuncias judiciales—, el mandatario insistió en que el país se encamina hacia una estabilización histórica.

El punto central de su discurso fue la reiteración de una meta ambiciosa: aseguró que la inflación del mes de agosto comenzará con el número cero, manteniendo su convicción de que el sendero actual es el único camino para derrotar definitivamente el aumento de precios.

Durante su intervención, Milei instó a los empresarios y al sector financiero a observar a la Argentina no solo como una nación, sino como un "modelo de negocios".

Bajo esta lógica, argumentó que la libertad económica extrema atraerá las inversiones necesarias para generar tres años consecutivos de crecimiento, algo que, según sus palabras, no se registra desde hace décadas.

El presidente defendió su concepto de "la moral como política de Estado" y sostuvo que la eficiencia económica es la herramienta definitiva para reducir la pobreza, la cual afirmó haber bajado del 57% al 30% tras el sinceramiento inicial de su gestión.

El discurso también incluyó duros ataques hacia la oposición y sus críticos, a quienes calificó como una "horda de vagos" que utiliza la retórica para apelar a la sensibilidad social sin ofrecer soluciones técnicas.

Por otro lado, Milei proyectó a la Argentina como una futura potencia en servicios tecnológicos, mencionando específicamente el interés de empresas internacionales en instalar data centers en el sur del país.

Para lograrlo, exigió abandonar lo que denominó "regulaciones cavernícolas" y "pensamiento precámbrico", proponiendo un esquema donde la energía barata y el clima frío de la Patagonia se conviertan en ventajas competitivas globales para la economía del conocimiento.