A pesar de haber transcurrido casi dos años desde el inicio de los traslados de lingotes al exterior, la tensión entre el Banco Central y la Auditoría General de la Nación (AGN) ha alcanzado un nuevo punto crítico.
Bajo la conducción de Santiago Bausili, la autoridad monetaria mantiene una postura de reticencia que impide al órgano de control supervisar el estado y la ubicación de las reservas soberanas.
Durante la reciente sesión del cuerpo de auditores, ya con su nueva integración parlamentaria, se confirmó que el Banco Central continúa desoyendo no solo los requerimientos técnicos, sino también las órdenes judiciales que le exigen transparencia sobre los movimientos de este activo estratégico.
La controversia se ha profundizado debido a las desconcertantes explicaciones brindadas por la entidad financiera. En diversas comunicaciones internas, el Central ha llegado a sostener la inexistencia de contratos formales que respalden la colocación de los lingotes en instituciones extranjeras como el Banco de Pagos Internacionales.
Esta falta de documentación oficial se suma a una serie de obstáculos operativos impuestos a los técnicos de la AGN, a quienes solo se les permitió acceder a la información de manera visual, prohibiéndoles realizar copias, tomar fotografías o extraer apuntes, lo cual anula cualquier posibilidad de realizar un peritaje técnico riguroso.
El argumento de la confidencialidad esgrimido por Bausili ha sido rechazado por los auditores, quienes recuerdan que el organismo tiene amplia experiencia en el manejo de datos sensibles, como ocurrió en auditorías previas sobre la gestión de reservas internacionales o contratos de suministros críticos.
El escenario actual le otorga a la AGN facultades plenas para profundizar las medidas legales tras la normalización de su composición. Mientras la Justicia Federal ya ha intimado al Banco Central a responder los pedidos de acceso a la información pública, la persistente negativa a entregar actas y dictámenes jurídicos alimenta las sospechas sobre la precariedad administrativa de la maniobra.
Lo que comenzó como una serie de cuatro transferencias de 250 lingotes cada una se ha transformado en un laberinto burocrático donde la autoridad monetaria insiste en que no hay nada que auditar por la ausencia de contratos, una postura que los técnicos de la Auditoría califican como inédita y carente de sustento profesional para un proceso de gestión de esta magnitud.
