En menos de 24 horas, Ramos Mejía y Avellaneda fueron escenario de violentos intentos de robo bajo la modalidad de interceptación vehicular. El saldo: un delincuente operado de urgencia, un oficial herido con múltiples disparos y dos peligrosas bandas en fuga.
La noche del viernes se convirtió en un campo de batalla para dos efectivos de seguridad que, encontrándose de franco y vestidos de civil, debieron apelar a sus armas reglamentarias para repeler emboscadas mientras circulaban en sus vehículos particulares. Los episodios, aunque ocurridos en distintas zonas del conurbano, comparten un patrón de extrema violencia y rapidez.
El primer incidente tuvo lugar en la localidad de Ramos Mejía, partido de La Matanza. Allí, Diego Méndez, jefe del Grupo Táctico de la Comisaría de Don Bosco, fue interceptado por un Peugeot 208 con pedido de secuestro vigente. Del rodado descendieron dos sujetos armados que lo encañonaron desde ambos flancos de su automóvil Volkswagen con la intención de sustraerlo.
Méndez reaccionó de inmediato. Según el registro de las cámaras de seguridad y el testimonio de vecinos que compararon el estruendo con "bombas de estruendo", el oficial se identificó y efectuó al menos diez disparos. Uno de los asaltantes, un hombre de 41 años, fue alcanzado por proyectiles en el pecho y el rostro. Cayó malherido en el asfalto mientras su cómplice lograba huir en el Peugeot.
El delincuente herido fue trasladado al Hospital Güemes de Haedo, donde fue intervenido quirúrgicamente de urgencia y permanece internado bajo custodia. Su compañero, quien ya cuenta con antecedentes por homicidio y robos calificados, es intensamente buscado por la policía bonaerense.
Casi en simultáneo, la violencia se trasladó al sur, precisamente al cruce de las calles Hipólito Yrigoyen y Lafuente, en Avellaneda. El oficial principal Joaquín Ezequiel Espíndola, perteneciente a la División Contravenciones y Faltas de la Policía de la Ciudad, fue abordado por cuatro delincuentes que se desplazaban en dos motocicletas de alta cilindrada.
Al advertir la condición de policía de la víctima, los malvivientes iniciaron una ráfaga de disparos que derivó en un feroz enfrentamiento. Espíndola recibió impactos de bala en el tórax, la mano izquierda y la pierna derecha. A pesar de la gravedad de sus heridas, el oficial ingresó consciente al Hospital Fiorito, donde pudo relatar los pormenores del ataque antes de ser estabilizado para su traslado al Hospital Italiano en la Ciudad de Buenos Aires.
La justicia y las fuerzas de seguridad han emitido un alerta general a todas las guardias médicas del Área Metropolitana. Basándose en las pericias del lugar y los rastros encontrados, se presume que al menos uno de los atacantes en el caso de Avellaneda resultó herido en el intercambio de disparos, por lo que se espera que pueda intentar recibir asistencia médica de forma clandestina o bajo identidad falsa.
Ambas causas han quedado bajo investigación judicial, con el análisis de las cámaras de monitoreo municipal como pieza clave para identificar las rutas de escape de los sospechosos que aún permanecen prófugos.
