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La joven de 25 años fue hallada con el cuello quebrado en Yerba Buena, Tucumán. El principal sospechoso es un empresario de seguridad exintegrante de la Legión Extranjera. Una abogada del Poder Judicial y dos empleados están detenidos por borrar rastros de un crimen que sacude a la provincia.


Lectura rápida de puntos claves 

La Víctima: Antonella Álvarez (25), estudiante de enfermería con problemas de adicción, desaparecida el 7 de enero y hallada muerta el 8.
Causa de muerte: Maniobra violenta desde atrás que le quebró el cuello (luxación cervical) y fractura de mandíbula por golpes.
Principal acusado: Felipe "El Militar" Sosa (50), empresario de seguridad y ex Legión Extranjera. Capturado cuando intentaba salir del país.
La cómplice judicial: Justina Gordillo, abogada y pareja de Sosa, acusada de encubrimiento agravado. Mensajes en su celular prueban que conocía a la víctima.
El móvil: La fiscalía apunta a una relación de subordinación y "cosificación". La familia sospecha que Antonella "vio algo que no debía" relacionado con negocios ilícitos.
Situación actual: Hay cuatro detenidos. La carátula pasó de homicidio simple a femicidio.


Lo que comenzó como una angustiante búsqueda familiar el pasado 7 de enero terminó en un escenario de horror. Érika Antonella Álvarez, una estudiante de enfermería de 25 años, fue encontrada sin vida en un descampado del barrio Manantial Sur, en Yerba Buena. La autopsia confirmó una violencia inusitada: alguien le propinó un golpe tan potente que le fracturó la mandíbula y, mediante una maniobra desde atrás, le provocó una luxación cervical que le causó la muerte instantánea.

El principal acusado es Felipe “El Militar” Sosa (50). Con pasado en el Colegio Militar y en la Legión Extranjera francesa, Sosa dirigía empresas de limpieza y seguridad que prestaban servicios a organismos públicos de Tucumán. Según la investigación del fiscal Pedro Gallo, Sosa mantenía un vínculo con Antonella basado en la vulnerabilidad: aprovechaba el consumo problemático de sustancias de la joven para citarla a encuentros sexuales y tríos a cambio de estupefacientes.

Sosa fue capturado en Pilar, Buenos Aires, cuando intentaba huir del país. En su contra pesan no solo los registros de cámaras de seguridad que muestran a Antonella ingresando a su domicilio en la calle Santo Domingo al 1100 (de donde nunca se la vio salir), sino también una serie de mensajes que revelan una "clara cosificación" hacia la víctima. Para el fiscal, Álvarez era reducida a un simple "objeto de entretenimiento" en una relación de absoluta subordinación.

La causa dio un giro de alto impacto institucional con la detención de la abogada Justina Gordillo (48), pareja de Sosa y empleada del Poder Judicial tucumano. Aunque Gordillo negó conocer a la víctima, las pericias telefónicas fueron demoledoras: se encontraron 86 mensajes mencionando a "Anto". En algunos, Gordillo le recriminaba a Sosa sus vínculos con mujeres que se drogaban o participaban de orgías, mientras que en otros coordinaba la logística de los encuentros.

La fiscalía acusa a la funcionaria de encubrimiento agravado por ánimo de lucro y por su rol público. Se sospecha que estuvo en el domicilio al momento del crimen o poco después, colaborando para proteger a Sosa y resguardar el patrimonio de sus empresas. Junto a ella, otros dos empleados de Sosa, Nicolás Navarro Flores y Jorge “Chicho” Díaz, están detenidos acusados de ayudar a ocultar el cuerpo y hacer desaparecer el celular de la joven.

En su casa de las afueras de San Miguel de Tucumán, Claudia Peralta, la madre de Antonella, vive sumergida en el llanto. Antonella era "la del medio" de siete hermanos y el sostén emocional de su madre, quien también cuida a una hija de 12 años con discapacidad.

Sus hermanas, Milena y las demás, han sido piezas clave para la fiscalía. Ellas aportaron los testimonios sobre el acoso que Justina Gordillo ejercía sobre Antonella en redes sociales y recordaron que la joven, días antes de morir, había ganado 400 mil pesos en un casino virtual, lo que descarta para ellas el móvil de un robo por drogas. "Pensamos que Anto vio algo que no debía, se enteró de algo y por eso la mataron", especulan.

El abogado de la familia, Carlos Garmendia, logró que la carátula se agravara de homicidio simple a femicidio. Las pruebas físicas también cercan a Sosa: el golpe que desplazó la mandíbula de Antonella fue del lado derecho, compatible con un atacante zurdo, condición que cumple el empresario.

Mientras la investigación avanza, la trama narco asoma en los márgenes del caso debido a los vínculos previos de la víctima y del victimario, sugiriendo que el crimen de Antonella podría ser solo la punta del iceberg de una red mucho más oscura en la noche tucumana.