La inseguridad en el sur del Gran Buenos Aires ha tomado un giro anacrónico y violento. En un operativo que incluyó una persecución filmada digna de un filme de época, la Policía de Quilmes logró interceptar a dos sujetos que cometían robos a mano armada montados a caballo. Lo que para muchos podría parecer una escena del siglo XIX, es para los residentes de la zona costera una pesadilla cotidiana que mezcla la delincuencia urbana con métodos del "Lejano Oeste".

El modus operandi es tan rústico como efectivo: los delincuentes sustraen equinos de asentamientos cercanos o los toman de trabajadores informales para lanzarse sobre sus víctimas en la zona de la costanera. Según testimonios recolectados, los asaltantes no solo utilizan armas de fuego o cuchillos para amedrentar, sino que emplean al propio animal como proyectil, "tirando los caballos encima" de los peatones para inmovilizarlos por el miedo o el impacto físico.

Este fenómeno ha generado un clima de desesperación entre los vecinos, quienes aseguran que las denuncias son constantes pero las soluciones escasean. La problemática, además, tiene una cara oculta: el maltrato animal. Los equinos, que durante el día suelen ser explotados en la tracción a sangre para la recolección de residuos, son forzados por la noche a galopar sobre el asfalto en huidas frenéticas, exponiéndolos a lesiones graves y estrés extremo.