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Un reciente informe académico, liderado por el investigador del CONICET Daniel Quiroga, expuso la crítica realidad que atraviesa una parte mayoritaria de la clase pasiva.

El estudio revela que el deterioro de los ingresos ha forzado a los adultos mayores a adoptar medidas extremas para cubrir sus necesidades básicas, transformando el envejecimiento en un fenómeno de alta vulnerabilidad social.

Estrategias de emergencia y pérdida de autonomía

El relevamiento detalla cómo la falta de recursos económicos impacta directamente en la vida cotidiana y la dignidad de este sector:

·Convivencia forzada: Muchos adultos se ven obligados a mudarse con sus hijos o familiares directos para poder compartir gastos de alquiler y servicios.

·Privación alimentaria: Se detectaron casos donde los abuelos deben saltear comidas diarias para estirar el presupuesto mensual.

·Abandono de tratamientos: La imposibilidad de costear medicamentos o copagos médicos ha derivado en la interrupción de controles preventivos y tratamientos de enfermedades crónicas.

El contexto latinoamericano vs. el europeo

Quiroga, en declaraciones a Mañana Central, marcó una distinción clave sobre el proceso de envejecimiento en la región. Mientras que en Europa el aumento de la expectativa de vida suele ir acompañado de estabilidad, en América Latina el fenómeno se da bajo condiciones de profunda desigualdad. "No es lo mismo envejecer en contextos de protección que en los nuestros", advirtió el especialista, subrayando que la salud del adulto mayor está condicionada de forma lineal por su capacidad económica.

El refugio de la participación social

A pesar del escenario adverso, el informe destaca que los espacios de encuentro, como las diplomaturas y talleres universitarios, actúan como un soporte vital. Estas experiencias no solo mitigan el impacto emocional de la crisis mediante la creación de redes de amistad, sino que generan una mejora medible en la calidad de vida física.

La conclusión del estudio insta al Estado a diseñar políticas públicas que dejen de ver la vejez solo como un dato demográfico, para empezar a tratarla como una problemática integral que requiere asistencia urgente en términos de vivienda, nutrición y acceso garantizado a la salud.