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Sofía fabricaba la ropa de trabajo que utiliza el propio Javier Milei. Tras el cierre de su pyme textil en Pompeya, hoy se gana la vida frente al volante. "Tienen razón", admitió sobre las críticas por su voto al actual presidente.

 

La historia de Sofía es, quizás, la síntesis perfecta de la vertiginosa realidad económica argentina.

Hasta hace apenas unos meses, su rutina transcurría entre rollos de tela, máquinas de coser y la gestión de su propia pyme textil en el barrio de Pompeya. Su especialidad era la confección de indumentaria de alta resistencia: mamelucos industriales para YPF, el mismo modelo que el presidente Javier Milei suele vestir en sus visitas a yacimientos petroleros.

Sin embargo, el sueño de la producción propia se desvaneció frente a la caída del consumo y el aumento de costos. La fábrica, que durante años fue su sustento y el de sus empleados, se vio obligada a bajar las persianas.

De la oficina al asfalto

La reinvención de Sofía no fue una elección, sino una necesidad de supervivencia. En una entrevista brindada al canal de streaming Gelatina, la ex empresaria relató el drástico giro que dio su vida diaria.

"Pasé de tener mi propia oficina y mi cafetera a manejar todo el día", confesó Sofía, quien hoy dedica sus jornadas a conducir para la plataforma Uber.

El cambio no es solo operativo, sino identitario. De liderar un proceso productivo en el corazón industrial de Buenos Aires, pasó a formar parte de la creciente masa de trabajadores que buscan refugio en la economía de plataformas para llegar a fin de mes.
El "voto bronca" y la autocrítica

Uno de los puntos más impactantes de su relato fue la reflexión política. Sofía reconoció abiertamente haber sido parte del electorado que llevó a Javier Milei a la Casa Rosada, describiendo su elección como un "voto bronca" contra el sistema anterior.

Al ser consultada sobre los comentarios que circulan en redes sociales y en la calle —donde muchos opositores repiten la frase "que se jodan, esto es lo que votaron" al ver a votantes del oficialismo afectados por el ajuste—, su respuesta fue de una honestidad brutal: “Tienen razón”, disparó sin rodeos.

Su testimonio se volvió viral rápidamente, no solo por la ironía de haber fabricado la ropa del mandatario cuyas medidas terminaron asfixiando su negocio, sino por representar el dilema de una clase media trabajadora que apostó por un cambio y hoy enfrenta las consecuencias más crudas de la transición económica.