En una noche compleja para el equipo argentino, el Xeneize cayó por la mínima diferencia en el Estadio Mineirão. El encuentro estuvo marcado por la temprana expulsión de Adam Bareiro y un cierre tumultuoso que dejó preocupación de cara a lo que viene en la Copa Libertadores.

Boca Juniors no pudo traerse un resultado positivo de su visita a Belo Horizonte, donde perdió 1-0 frente a Cruzeiro. El conjunto dirigido por Claudio Úbeda debió afrontar un escenario adverso casi desde el inicio, ya que la expulsión de Adam Bareiro por doble amonestación antes del descanso obligó al equipo a redoblar esfuerzos defensivos para sostener el empate. A pesar de la entrega física y el orden mostrado durante gran parte del segundo tiempo, un gol de Néiser Villarreal a ocho minutos del final quebró la resistencia boquense.

El pitazo de cierre, lejos de traer calma, dio paso a una serie de incidentes en el campo de juego. El clima se caldeó tras un cruce entre los futbolistas, iniciado aparentemente por gestos de Matheus Pereira que fueron interpretados como provocaciones por el plantel argentino. El capitán Leandro Paredes y otros referentes reaccionaron ante la situación, lo que derivó en empujones y un clima de tensión generalizada donde también intervino el personal de seguridad del estadio. Las imágenes de los forcejeos en el túnel y la zona de vestuarios volvieron a poner de manifiesto la hostilidad que suele rodear a estos cruces definitorios en territorio brasileño.

Más allá de lo estrictamente futbolístico, la institución argentina enfrenta ahora posibles complicaciones administrativas. La detención de un simpatizante por presuntos gestos racistas en las tribunas enciende las alarmas debido a la rigurosidad actual de la CONMEBOL ante este tipo de episodios. A esto se suma la posibilidad de que el tribunal de disciplina actúe de oficio por los incidentes entre los jugadores, lo que podría derivar en suspensiones para piezas clave del esquema de Úbeda.

Boca regresa al país con la necesidad de dar vuelta la página rápidamente. Mientras el cuerpo técnico deberá trabajar en lo anímico y en el rearmado del equipo ante las bajas, la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme seguirá de cerca los informes oficiales del partido. En un certamen tan exigente como la Libertadores, el margen de error se reduce y el Xeneize sabe que deberá enfocarse en los próximos compromisos para asegurar su clasificación en un grupo que se ha vuelto sumamente competitivo.