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La Justicia santafesina condenó a un hombre a pagar 160 millones de pesos a su expareja. El tribunal reconoció que la postergación profesional de la mujer para sostener el hogar generó un enriquecimiento injusto para el conviviente.

ROSARIO – En una sentencia que marca un antes y un después en la aplicación de la perspectiva de género en el ámbito civil, la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Rosario dictó un fallo que pone valor económico al trabajo doméstico no remunerado. Tras una convivencia de 18 años, la Justicia determinó que el hombre deberá compensar a su expareja por el desequilibrio patrimonial generado durante la unión.
El costo de la "división de roles"

El tribunal analizó la trayectoria de la pareja durante casi dos décadas y encontró una disparidad evidente:

Consolidación masculina: Mientras duró la unión, el hombre pudo desarrollar su carrera y expandir su patrimonio de manera sostenida.

Postergación femenina: La demandante se dedicó exclusivamente a la crianza de los hijos y a la gestión del hogar, lo que le impidió insertarse en el mercado laboral y generar bienes propios.

Para los magistrados, esta dinámica no fue una elección neutral, sino una estructura que dejó a la mujer en una situación de vulnerabilidad extrema al momento de la separación.
El valor económico del hogar

Uno de los puntos más disruptivos del fallo es el reconocimiento de que las tareas de cuidado poseen un valor de mercado. La sentencia sostiene que el hombre se benefició directamente del esfuerzo de su expareja, ya que su dedicación al hogar le permitió a él desvincularse de esas responsabilidades y enfocarse en su crecimiento económico.

La cifra de 160 millones de pesos no es solo una indemnización, sino una herramienta legal para evitar el "enriquecimiento sin causa". El fallo busca corregir la injusticia de que uno de los convivientes salga de la relación con un patrimonio fortalecido a costa del sacrificio profesional del otro.
Un precedente para la región

Esta decisión judicial envía un mensaje claro sobre la protección de los derechos de las mujeres y el reconocimiento de la compensación económica en las uniones convivenciales, una figura que el Código Civil y Comercial de la Nación ha fortalecido.

En una zona donde el debate sobre la equidad de género sigue ganando espacio, este fallo rosarino se convierte en una referencia obligatoria para futuros litigios de familia, obligando a repensar cómo se distribuyen los activos y los esfuerzos dentro de los hogares argentinos.