Por: Juan Carlos “Bocha” Benedetti y Néstor Sandoval
Texto: Investigación Mirta Solari
La historia de una comunidad que se negó a ser apenas un campamento y forjó su propio destino. (Foto: Juan Miralles, Oscar "Lucho" Avilés, Carlos Rivadulla, Ernesto Moreno y Oscar Ortíz)
La historia de Plaza Huincul no se entiende sin su origen ligado al petróleo, pero tampoco sin la tenaz resistencia de sus pobladores. Nacida a raíz del descubrimiento del hidrocarburo en octubre de 1918, la localidad —ubicada originalmente al norte de las vías férreas— pasó de ser un asentamiento de trabajadores a un pueblo que reclamaba, a gritos, su derecho a existir fuera de la tutela empresarial.
La vida bajo el control del "campamento"
En los años fundacionales, la vida cotidiana estaba centralizada. Las familias que llegaban del país y el extranjero se abastecían en galpones precarios cercanos al Pozo N° 1. Con el tiempo, YPF consolidó su dominio: la empresa controlaba la proveeduría, el cine-teatro y dejó la pensión de Sranko (ubicada en el “bajo” del Uno) administrada por un empleado.
Sin embargo, al sur de las vías, crecía un pueblo real brindando servicios de almacén, alojamiento temporario y hasta servicio de carretas para el transporte de materiales para la explotación de hidrocarburos. Con esos habitantes, YPF firmó un contrato con fecha de vencimiento el 31 de Agosto de 1953.
Los concesionarios, que invertían su capital y esfuerzo propio en comercios y viviendas, vivían en un estado de subordinación absoluta. No eran dueños de sus decisiones: la Administración de Plaza Huincul —brazo ejecutor de YPF— supervisaba desde la organización de las veladas danzantes del Club Deportivo Nacional.
El administrador era un “emperador” en el octógono. Decidía si en el baile de carnaval se podía utilizar máscara, o no; qué bebidas se podían ofrecer, el precio de las entradas y luego, “controlaba” las cuentas. A eso se agregaba que se debía pedir autorización hasta para pintar los locales. Y el Administrador decidía el color.
Para completar el cuadro, se habían quitado todas las garantías sobre las mejoras realizadas. YPF era “dueño” de todo lo plantado y edificado.
El movimiento por la independencia (1946-1966)
Ante este escenario, y a 7 años del vencimiento de los contratos, en 1946, dos pioneros, Don Toribio Otaño y Don Antonio Rivadulla, iniciaron el movimiento que cambiaría la historia local. El 9 de diciembre de 1951 se formalizó la Comisión, presidida por Otaño e integrada por Demófilo Marín (vice), Alfonso Gómez (secretario) y José A. Acosta (tesorero).
Su objetivo era claro: declarar a la zona como "Pueblo Libre". Argumentaban que, si el Gobierno separaba la zona de la administración de YPF, el pueblo cobraría nuevos impulsos con construcciones y mejoras propias. Pero la respuesta del poder central fue de una frialdad extrema. Tras años de peregrinaje burocrático y ante la insistencia de la Comisión —que incluso apeló al
Delegado del Territorio para visibilizar su reclamo ante el Congreso Nacional—, la respuesta de un ministro fue lapidaria: "Que si a esos pobladores no les gustaba, que se fueran donde les placiera más... que nadie los había llamado".
La voz de la resistencia y el legado
Aquellas palabras provocaron una indignación profunda. Don Toribio Otaño, golpeado por la negativa ministerial pero inquebrantable en su espíritu, sentenció: "es como un balde de agua fría sobre nuestras esperanzas, pero no por ello hemos de desanimarnos".
Otaño falleció poco después, pero el fuego de su sueño no se apagó. Una nueva generación, con apellidos que marcarían la historia como Rivadulla, Moreno, Miralles, Sánchez y Ortiz, tomó la posta.
El nacimiento institucional
La perseverancia finalmente encontró eco en la política provincial. El 24 de abril de 1966, el Gobernador Felipe Sapag firmó el histórico Acta de Posesión, transfiriendo a la Provincia las tierras que durante medio siglo habían ocupado los concesionarios.
El camino hacia la autonomía se selló rápidamente:
Resolución N° 114/66: Creó la Junta Vecinal Delegada (integrada por Carlos Rivadulla, Oscar Ortiz, Antonio Sánchez, Joselín Leiva y Ernesto Moreno).
Decreto N° 0098/67: Designó a Carlos Alberto Rivadulla como su primer presidente.
Ley Provincial N° 535: Creó oficialmente la Municipalidad.
Finalmente, el 1° de febrero de 1967, con la puesta en marcha de la Municipalidad, Plaza Huincul comenzó su vida institucional. Aquel sueño de los viejos pobladores —de un pueblo "mayor de edad y dueño de sus destinos"— se transformó, finalmente, en realidad.
