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La vicepresidenta se ausentó de la misa central en Luján, que reunió a figuras del oficialismo y la oposición, para asistir a la basílica donde fue bautizado Jorge Bergoglio. Calificó el evento masivo como un escenario "politizado" por la presencia de lo que denominó "la casta".

BUENOS AIRES – En una jornada cargada de simbolismo por el primer aniversario del fallecimiento del papa Francisco, la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, protagonizó un fuerte desmarque político. Mientras gran parte del arco institucional se concentraba en la Basílica de Luján, la titular del Senado eligió el perfil bajo de la Basílica María Auxiliadora, en el barrio de Almagro, para rendir su tributo personal.

Villarruel, quien se encuentra a cargo del Ejecutivo por la gira presidencial de Javier Milei en Israel, fundamentó su decisión con duras críticas hacia el resto de los asistentes al acto central, asegurando que buscaba evitar un entorno donde, a su criterio, confluía "lo peor de la casta política".
El contraste: Luján vs. Almagro

La ceremonia en Luján funcionó como un inusual punto de encuentro para sectores enfrentados. En los bancos del santuario convivieron:

Funcionarios nacionales: El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem.

Oposición y aliados: El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el diputado de Pro, Diego Santilli.

Para la vicepresidenta, esta postal de convivencia fue interpretada como una "politización" del homenaje. Por el contrario, su elección por el templo de Almagro —lugar donde Francisco recibió el bautismo— fue presentada como un acto de "recogimiento y aprendizaje", alejado de la exposición mediática y las cámaras.
Implicancias en la interna oficialista

La ausencia de Villarruel en un evento donde sí estuvieron los principales espadas del gabinete de Milei vuelve a exponer las diferencias de estilo y de estrategia política dentro de la propia cúpula de La Libertad Avanza.

Mientras que figuras como Adorni y Menem aceptaron compartir el espacio institucional con referentes como Kicillof, Villarruel optó por reforzar su identidad discursiva de confrontación con la dirigencia tradicional, incluso a riesgo de mostrar fisuras en la coordinación de la agenda oficial.

Este episodio se suma a una serie de gestos de autonomía de la vicepresidenta, quien ha consolidado un perfil propio que, en ocasiones, se distancia de la "convivencia institucional" que otros sectores del Gobierno intentan sostener en actos de Estado.