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Un hallazgo que comenzó con la observación cotidiana de un poblador rural se ha transformado en un hito para la paleontología mundial. Investigadores del CONICET, en colaboración con expertos internacionales, presentaron al Bicharracosaurus dionidei, una especie de dinosaurio de cuello largo desconocida hasta hoy, cuyos restos fueron extraídos de la Formación Cañadón Calcáreo, en el noroeste de la provincia de Chubut.


Un homenaje al conocimiento del campo

El nombre de la especie encierra una historia de colaboración comunitaria. Dionide Mesa, un poblador local, fue quien guio a los científicos hacia los fósiles, refiriéndose a ellos simplemente como "bicharracos".

"El nombre es un homenaje a él y a todas las personas de campo que colaboran con la ciencia", destacó José Luis Carballido, investigador del CONICET-MEF. El descubrimiento, publicado en la prestigiosa revista PeerJ, destaca que el animal vivió hace aproximadamente 155 millones de años, durante el período Jurásico Superior.

Anatomía de un titán del Jurásico

A partir del análisis de la columna vertebral, costillas y cadera, los especialistas lograron reconstruir las dimensiones de este herbívoro:

·Longitud: Entre 15 y 20 metros.

·Peso: Aproximadamente 20 toneladas.

·Rasgo distintivo: Posee espinas neurales comprimidas y alargadas, una característica única que permitió clasificarlo como una nueva especie.

El primer braquiosáurido de Sudamérica

La relevancia científica del Bicharracosaurus es doble. Por un lado, la paleontóloga Alexandra Reutter confirmó que se trata del primer braquiosáurido del Jurásico registrado en el subcontinente. Por otro, ayuda a llenar un "vacío" en el rompecabezas evolutivo de los saurópodos en el Hemisferio Sur.

Según explicó el paleontólogo Diego Pol, el hallazgo proviene de una edad de la que se conoce muy poco sobre la fauna terrestre. Al pertenecer al grupo de los Macronaria —antepasados de gigantes como el Brachiosaurus y el Patagotitan—, este espécimen es una pieza clave para entender cómo los dinosaurios herbívoros llegaron a dominar los ecosistemas hasta el final del Cretácico.

Actualmente, los restos del "Bicharraco" continúan bajo estudio en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de Trelew, consolidando a la Patagonia como uno de los laboratorios naturales más importantes del mundo para el estudio de la vida prehistórica.