Un reciente informe de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) revela un panorama crítico respecto a la tuberculosis (TBC) en el país. Según los datos del Boletín Epidemiológico Nacional, en 2025 se notificaron 16.445 casos, lo que consolida una tendencia ascendente que preocupa a la comunidad médica.
Radiografía de la situación epidemiológica
El crecimiento de la enfermedad no es uniforme, pero muestra indicadores alarmantes en sectores específicos:
Incremento sostenido: Los casos subieron un 3,9% respecto a 2024 y acumulan un salto del 79,7% en los últimos cinco años.
Población más afectada: Se observa un fuerte impacto en hombres jóvenes (el 60,7% de los casos tienen entre 15 y 44 años) y un aumento en menores de 20 años, que ya representan el 16,6% del total.
Zonas de mayor incidencia: Las provincias con tasas más altas son Jujuy, Salta, Chaco, Formosa, Buenos Aires y CABA. También se registró un alza significativa en Santa Fe, Córdoba y Tierra del Fuego, entre otras.
Causas del rebrote y desafíos del sistema
Los especialistas de la AAMR, entre ellos el neumonólogo Andrés Burke Viale, señalan que el fenómeno es multifactorial. Entre las principales razones destacan:
Debilitamiento institucional: La disolución de la Coordinación del Programa Nacional de Tuberculosis en 2024 afectó la optimización de recursos.
Factores socioeconómicos: El hacinamiento y la vulnerabilidad social facilitan la transmisión.
Barreras de acceso: Dificultades para el diagnóstico temprano y baches en la provisión gratuita de medicamentos.
Prevención y Tratamiento: Las herramientas clave
La importancia de la vacuna BCG La Dra. Sandra J. Inwentarz enfatiza que la vacuna BCG (dosis única al nacer) es vital para prevenir formas graves como la meningitis tuberculosa. A inicios de 2026, la cobertura nacional alcanzaba el 83,42%, aunque se advierte sobre la necesidad de que el Estado garantice la provisión constante en todas las jurisdicciones.
Detección y continuidad La tuberculosis es prevenible y curable, pero enfrenta dos grandes obstáculos:
·Confusión de síntomas: El retraso en el diagnóstico ocurre porque los síntomas suelen asimilarse a otras afecciones respiratorias.
·Resistencia bacteriana: La interrupción de los tratamientos o el acceso irregular a los fármacos favorece la aparición de cepas resistentes, complicando el control de la enfermedad a nivel poblacional.
