A más de un siglo de la tragedia de la fábrica Triangle Shirtwaist, el Día Internacional de la Mujer se consolida como una jornada global de reivindicación por la igualdad salarial, el fin de la violencia y la autonomía de los cuerpos.
Este domingo, el calendario internacional marca una fecha que no nace de la alegría, sino de la resistencia. El 8 de marzo (8M) no es una invitación a celebrar la feminidad en términos tradicionales, sino un recordatorio de que los derechos de las mujeres e identidades feminizadas son conquistas forjadas en huelgas, movilizaciones y, lamentablemente, tragedias.
El origen: tragedia y conciencia
La memoria colectiva de este día está sellada por el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York, ocurrido en marzo de 1911. Aquel día, 146 trabajadoras murieron atrapadas entre las llamas; las salidas habían sido bloqueadas por los dueños de la empresa bajo el pretexto de "evitar robos". Fue una encerrona que pretendía ser ejemplificadora.
Esas mujeres no solo perdieron la vida: estaban luchando por una reducción de la jornada laboral —que entonces era de 12 horas— y por condiciones dignas de salubridad. Ese sacrificio se convirtió en el símbolo global de la explotación y la necesidad urgente de reformas laborales.
El rompecabezas de la historia: de Copenhague a Rusia
Si bien la tragedia de Nueva York es el hito más recordado, el 8M es el resultado de una construcción colectiva:
1908: 15.000 mujeres marcharon por las calles de Nueva York exigiendo mejores salarios y derecho al voto.
1910: La activista alemana Clara Zetkin propuso la creación de un día internacional en la Conferencia de Mujeres Socialistas en Copenhague.
1917: En plena Primera Guerra Mundial, las mujeres de Petrogrado iniciaron una huelga bajo el lema "Pan y Paz". Lo que comenzó como una protesta por el hambre terminó siendo el chispazo de la Revolución Rusa y culminó con el derecho al voto femenino en ese país. Según el calendario gregoriano, aquel 23 de febrero era, efectivamente, 8 de marzo.
La agenda pendiente: ¿Por qué seguimos marchando?
Aunque en 1975 la ONU formalizó la fecha, la realidad actual demuestra que los tratados internacionales no bastan. Hoy, las identidades feminizadas sostienen reclamos que siguen siendo urgentes:
Brecha salarial: La desigualdad económica que persiste a igual tarea.
Violencia de género: El reclamo incesante por el fin de los femicidios.
Tareas de cuidado: La carga desigual de las labores domésticas y de crianza que recae mayoritariamente sobre las mujeres.
Autonomía: El derecho a decidir sobre sus propios cuerpos.
"Los derechos no se conceden, se conquistan", reza una de las máximas de este movimiento. Este domingo, las calles volverán a ser el escenario para reconocer el camino recorrido y, sobre todo, para señalar con firmeza todo lo que aún falta alcanzar.
