En el oeste de Neuquén, una familia atraviesa una crisis que pone en evidencia las fallas en la coordinación entre salud y justicia. Laura Espinosa vive "encerrada" en su propia casa, atrapada entre el afecto por su hermano y el temor por su integridad física, debido a los recurrentes brotes psicóticos y episodios de violencia que el hombre protagoniza.
Crónica de una desprotección anunciada
La situación se agravó hace tres años, tras la muerte de la madre de ambos. El hombre, que reside solo en la vivienda familiar, ha pasado de conductas erráticas a intentos de incendio y agresiones directas.
Los puntos críticos del calvario:
Laura relata que, ante sus llamados al SIEN, el personal se negaba a trasladarlo si en ese momento el hombre se encontraba tranquilo, ignorando el historial de brotes.
Tras un reciente intento de ataque contra Laura en diciembre, el hombre fue llevado al Hospital Heller, pero solo permaneció un día en observación antes de ser enviado nuevamente a su hogar.
Hace 20 días, una jueza ordenó una evaluación de salud mental en el domicilio por parte del hospital, pero hasta la fecha, ningún equipo asistencial se ha presentado.
Un abordaje "obsoleto" y la parálisis económica
La mujer critica que las instituciones ofrecen soluciones que no atacan el problema de raíz:
Actualmente cuenta con custodia policial preventiva, pero la considera una medida "obsoleta" que gasta recursos de seguridad en un problema que es estrictamente médico.
Sin la custodia activa en los últimos días, Laura no puede salir de su casa. Esto afecta directamente su sustento, ya que es masajista y no puede recibir clientes ante el riesgo de que su hermano reaccione de forma violenta.
El hospital le indicó que ella debía suministrarle la medicación, una tarea imposible cuando el paciente no distingue el vínculo familiar y se torna hostil.
"Nos sentimos solos y desprotegidos. No se toma en serio hasta que pasa una tragedia", sentenció Laura, quien además debe hacerse cargo de todos los gastos de la vivienda de su hermano.
El reclamo por una "sinergia institucional"
La familia exige que el Estado deje de "lavarse las manos" y coordine una intervención integral. Para Laura, la solución no es un patrullero en la puerta ni un botón de pánico, sino una internación adecuada y un tratamiento psiquiátrico que garantice que su hermano no siga atentando contra su propia vida y la de terceros.
