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En una maniobra que busca sostener el superávit fiscal a cualquier costo, el Gobierno Nacional ha dispuesto una profunda poda presupuestaria que alcanza a las áreas más sensibles del Estado. Bajo la apariencia de una reestructuración técnica plasmada en la decisión administrativa 20, el Ejecutivo ocultó en sus anexos un ajuste masivo que afecta de lleno la operatividad y el financiamiento de la seguridad y la defensa.


Ajuste en las Fuerzas de Seguridad y Defensa

A pesar del discurso oficial que prioriza el orden público, la realidad de las planillas técnicas revela un escenario de desfinanciamiento para las instituciones encargadas de la protección ciudadana:

·Seguridad Federal: El decreto establece bajas presupuestarias directas sobre las distintas fuerzas federales, reduciendo los recursos disponibles para su funcionamiento cotidiano.

·Defensa Nacional: El Ministerio de Defensa sufrió una pérdida de $6.055 millones.

·Fuerza Aérea: Es el área más afectada dentro del bloque de defensa, con un recorte de $16.500 millones.

·Ejército y Armada: El Ejército registró una quita de $12.622 millones, mientras que la Armada perdió $11.820 millones en sus partidas asignadas.

Menos cargos y más presión fiscal

El ajuste no solo es monetario, sino también estructural. Los anexos del decreto confirman una reducción de cargos en diversas áreas estatales, afectando la capacidad administrativa y operativa de los organismos.

Esta decisión de profundizar los recortes en seguridad ocurre en un contexto económico crítico, donde la caída de la recaudación por la recesión obliga al equipo económico a "pasar la motosierra" sobre programas que hasta ahora se consideraban intocables.

Según analistas, esta dinámica genera un círculo vicioso donde el ajuste enfría la actividad, reduciendo aún más los ingresos fiscales y forzando nuevas podas presupuestarias para mantener el equilibrio de las cuentas públicas.