La interna en el corazón del Gobierno Nacional ha quedado expuesta tras confirmarse un áspero episodio entre el Presidente y su ministra durante la reunión ministerial del pasado viernes.
El conflicto se desencadenó cuando Patricia Bullrich solicitó que el vocero presidencial, Manuel Adorni, presentara sus declaraciones juradas, lo que provocó una airada defensa de Javier Milei hacia su colaborador.
En un inusual gesto de distanciamiento, la ministra no negó la existencia de tensiones y, al ser consultada sobre el trato recibido en el encuentro, lanzó una frase cargada de significado: definió al mandatario como una persona con una "emocionalidad importante".
Si bien intentó suavizar el impacto al evitar calificar el episodio estrictamente como un "grito", su negativa a desmentir el destrato dejó en evidencia el desgaste del vínculo político.
A pesar de la sugerencia del entorno presidencial de que quienes no coincidan con la postura oficial "ya saben lo que tienen que hacer", Bullrich ha manifestado que no piensa ceder en sus planteos sobre la transparencia. Este cruce marca un punto de inflexión en la relación de fuerzas dentro del gabinete, donde la ministra busca diferenciarse mientras la mesa chica del Ejecutivo exige lealtad absoluta.
