
La ministra de Educación de la provincia, Soledad Martínez, señaló que “De momento no tenemos ningún hecho que de manera concreta nos represente una amenaza a la seguridad de nadie, ni de los alumnos ni de los adultos que se desempeñan en nuestras escuelas. Pero es algo que estamos monitoreando diariamente”.
La ex intendenta de Zapala dialogó con el periodista Favio Pincheira, que conduce el programa matutino de FM Fuego. En concreto, afirmó que, por el momento, no se han dispuesto medidas de ningún tipo como ha ocurrido en otras provincias donde se han prohibido las mochilas o se debe concurrir con bolsas transparentes. “Tenemos aproximadamente 200 establecimientos educativos y tenemos esta situación en 20 escuelas. No nos parece que estemos frente a un fenómeno que amerite tomar medidas de esas características. No queremos convertir a las escuelas en un espacio más parecido a un centro de detención que a una escuela. No queremos policías revisando las mochilas. No queremos detectores de metales en los ingresos de las escuelas”, afirmó.
Martínez aseguró que “No tenemos ninguna hipótesis de gravedad que amerite una de estas medidas. Mientras esto siga siendo así, vamos a tener intervenciones que recogen la particularidad de cada comunidad escolar y que vamos a ir trabajando de manera individual, amén, de esta guía inicial de intervención ante una de estas situaciones”, explicó.
Por otra parte, no brindó precisiones en cuanto a las investigaciones de las amenazas ni en Cutral Co ni en otras ciudades. “No tenemos esa información porque no somos parte de la investigación”, resumió.
Luego se produjo el siguiente diálogo.
P_: ¿Qué opinión tiene de este fenómeno?
SM_: Me parece como nos ocurrió durante el año pasado con el fenómeno de un par de situaciones de violencia de adultos contra equipos de gobierno, contra otros alumnos, que no escapa a la creciente violencia y crisis relacional que vivimos como sociedad. La violencia no se genera en la escuela, no la generan ni los jóvenes, ni los educadores o los auxiliares en la escuela. La violencia se manifiesta en la escuela como se manifiesta en otros lugares, pero en la escuela tenemos de alguna manera cautiva a una población muy vulnerable, muy volátil, porque son adolescentes, y muy expuesta, y particularmente en mi lectura muy solos durante mucho tiempo, frente a los riesgos que representa la vinculación infinita que te ofrece como oportunidad este escenario de las redes y de la navegación.
Entonces, a nosotros nos parece que esto tiene que poner en alerta a la sociedad toda, fundamentalmente a quienes tienen responsabilidades parentales con esas infancias o con esos jóvenes. Un adolescente promedio está muchas horas conectado a través de sus dispositivos y no son justamente las horas que transcurren la escuela, en donde nosotros como sistema hemos tomado recaudos para que el uso de los dispositivos en las escuelas recorte los horarios de exposición de los jóvenes a las redes o a la conectividad.
Entonces, que nos parece que desde la escuela lo que tenemos es que junto con las familias y los entornos afectivos de los adolescentes y las adolescentes trabajar en habilidades y en el desarrollo de herramientas que les permitan detectar las situaciones de peligros a las que se enfrentan navegando. Detectar los sitios seguros en los que pueden conocer otra gente. Estar alerta respecto de situaciones que los exponen a riesgos extra de los que tenemos todos, justamente por cómo se dinamizan estos espacios en redes. Bueno, eso me parece que sí podemos trabajarlo desde la escuela y en este contexto es un momento muy propicio para que podamos hacerlo. Por eso el protocolo, lo que se propone es evitar que las escuelas estén cerradas, garantizar que las escuelas sean espacios seguros, porque son los espacios más seguros para nuestros jóvenes y nuestras jóvenes hoy y establecer diálogos con las comunidades escolares, que permitan la construcción de estas herramientas, fundamentalmente de un sujeto crítico diferente a este universo que no hay nada que nos haga a suponer que no va a seguir siendo parte de la vida de estos jóvenes.
P_: ¿Qué le diría hoy a los papás que tienen miedo de mandar a sus hijos de escuela?
DM_: Primero que, por supuesto, cada familia tiene la potestad de tomar con sus hijos e hijas las medidas que entienda, garantizan su seguridad y en eso vamos a ser absolutamente considerados y tolerantes frente a la decisión que se tome. Pero me parece que el primer camino es tener un diálogo muy abierto, muy llano, poder construir esos caminos de confianza que hacen que los jóvenes y las jóvenes nos cuenten lo que les está pasando.
En segundo lugar, que sean padres, que ejerzan en los límites que corresponden a las responsabilidades parentales, el control respecto del tiempo de exposición a redes, de dónde navegan, con quién se vinculan, qué encuentros generan a través de estas herramientas, porque es necesario que los cuidemos como los cuidamos en otros escenarios, en donde les preguntamos con quién va, quién te busca, quién te trae. algún mecanismo de eso podemos encontrar o tenemos que encontrar para lo que pasa frente a las redes.
Fundamentalmente desde nuestro lugar, ratificamos que las escuelas son espacios seguros y que son los espacios más seguros para que estén los jóvenes y las jóvenes de la provincia hoy y por último, siempre un pedido a los medios de comunicación, por supuesto a transmitir lo que es una noticia porque finalmente entendemos que esto que está ocurriendo es un hecho que hay que comunicar porque es una noticia, pero hay que poder equilibrar entre la información y la creación de una alarma o la instalación de un clima de alarma y de una conflictividad creciente que en rigor no hay en las escuelas.
Sí, por supuesto estamos muy atentos ante cada situación que nos informan intervenimos. Tenemos un detalle pormenorizado de todo lo que se ha hecho en las 24 o 25 escuelas en las que hemos intervenido. Y por supuesto estamos evaluando si esto va creciendo en gravedad iremos tomando otras medidas. De momento no tenemos ningún hecho que de manera concreta nos represente una amenaza a la seguridad de nadie, ni de los alumnos ni de los adultos que se desempeñan en nuestras escuelas. Pero es algo que estamos monitoreando diariamente.
