En una jornada cargada de tensión en los tribunales de Retiro, el Tribunal Oral Federal n° 7 aceptó sin objeciones que Oscar Centeno, el chofer cuya bitácora dio origen a la causa, se negara a responder preguntas. Esta decisión, sumada a la actitud de otros "arrepentidos", alimenta las sospechas sobre un proceso que se encamina a sentencias basadas en pruebas que nadie puede contrastar.
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Silencio clave: Oscar Centeno se negó a responder preguntas en el juicio de los Cuadernos y el Tribunal aceptó su postura sin objeciones.
Juicio en duda: Al no existir los cuadernos físicos (fueron quemados), el silencio del chofer impide contrastar denuncias de adulteración de pruebas.
Malestar en Tribunales: Critican a la fiscalía y a los jueces por permitir que testigos estratégicos, como Centeno y Uberti, eviten el interrogatorio de las defensas.
Ofensiva de CFK: La expresidenta impugnó la instrucción de la causa, denunciando extorsiones de Bonadío y Stornelli contra empresarios para involucrarla.
Lo que debía ser el corazón del debate oral en la causa más sensible para el poder político y empresarial de la última década se ha transformado en un archipiélago de silencios. Bajo un hermético operativo de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Oscar Centeno ingresó el jueves a Comodoro Py. Sin embargo, su presencia fue apenas un trámite formal: el colaborador estrella ratificó sus dichos de la instrucción, pero se amparó en su condición de testigo protegido para no someterse al interrogatorio de las defensas.
Un tribunal bajo cuestionamiento
La "naturalidad" con la que los jueces Germán Castelli, Enrique Méndez Signori y Fernando Canero, junto a la fiscal Fabiana León, aceptaron la reticencia de Centeno ha generado un sismo de malestar en los pasillos de Tribunales. Fuentes judiciales califican la situación como un "disparate jurídico" que atenta contra el principio de contradicción, base fundamental de cualquier juicio oral y público.
El problema radica en que, ante la inexistencia de los cuadernos originales —que según la versión oficial fueron quemados por el propio Centeno—, su testimonio es la única prueba de origen. Al no responder preguntas, el chofer impide que se aclaren puntos críticos, como las denuncias del empresario Armando Loson, quien sostiene con peritajes en mano que las menciones sobre su persona en los manuscritos fueron burdamente adulteradas.
¿Testigos o guionistas?
El caso de Centeno no es el único que arroja sombras sobre la transparencia del debate. El exfuncionario kirchnerista Claudio Uberti también optó por un camino similar: leyó una declaración preparada y se negó a contestar preguntas de las partes. Este patrón de comportamiento refuerza la hipótesis de las defensas, que sostienen que los "arrepentidos" no cuentan con un relato sólido propio, sino que se ajustan a un guion pactado durante la etapa de instrucción.
La pregunta que hoy recorre Comodoro Py es si los testimonios que sostienen la acusación pueden resistir un careo real. El fallecido juez Claudio Bonadío solía prometer a los empresarios imputados que tendrían su oportunidad de "aclarar inconsistencias" en el juicio oral. Sin embargo, con el aval del TOF 7 a estos silencios estratégicos, esa promesa parece haberse esfumado.
El contraataque de la defensa
En este contexto, la estrategia de Cristina Kirchner ha cobrado nuevo impulso. La expresidenta impugnó formalmente las actuaciones de la etapa de instrucción, apuntando directamente contra Bonadío y el fiscal Carlos Stornelli. La defensa argumenta que las declaraciones de los arrepentidos fueron obtenidas bajo coacción y extorsión, vinculando el armado de la causa con las maniobras del falso abogado Marcelo D'Alessio.
Si el tribunal continúa permitiendo que los testigos clave eviten el contrainterrogatorio, el juicio de los Cuadernos corre el riesgo de convertirse en un proceso administrativo de confirmación de lo actuado en instrucción, dejando la puerta abierta a futuras nulidades por violación del derecho de defensa. Sin cuadernos físicos y con testigos que no hablan, la causa que prometía ser el "Lava Jato argentino" enfrenta su hora más incierta.
