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En un movimiento que redefine su relación con los sectores tradicionales del poder, el presidente Javier Milei ha consolidado un viraje hacia el "establishment" jurídico que antes fustigaba. Tras meses de confrontación dialéctica con diversos actores sociales, la administración libertaria parece haber priorizado la construcción de un blindaje legal mediante designaciones clave en el Ministerio de Justicia.

La llegada de Juan Bautista Mahiques y Santiago Viola a la cartera judicial no es un hecho aislado, sino un síntoma de una nueva etapa política. Mahiques representa el linaje más puro de la estructura tribunalicia argentina; con familiares en la Casación Penal, la fiscalía y la AFA, su figura encarna el tejido que conecta los tribunales federales con los centros de decisión institucional.

Esta elección resulta paradójica por el vínculo de Mahiques con la dirigencia de la AFA. Mientras el Ejecutivo mantenía una disputa abierta con Claudio "Chiqui" Tapia por la implementación de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), la incorporación de un hombre con fuertes lazos en el mundo del fútbol sugiere una tregua táctica o un cambio de prioridades ante las urgencias judiciales que acechan al entorno presidencial.

El análisis de estas designaciones revela una hoja de ruta centrada en la protección del círculo íntimo de Balcarce 50. La Justicia no solo debe observar a la oposición, sino también auditar expedientes sensibles que involucran la gestión actual:

·Caso $LIBRA y Andis: Investigaciones que rozan la estructura de la Secretaría General de la Presidencia.

·Influencia en Comodoro Py: El fuero donde suelen definirse —o archivarse— las causas contra funcionarios públicos.

La estrategia de Milei se apoya en figuras con vasta experiencia en los "sótanos" del sistema. Santiago Viola, ahora número dos del Ministerio, es señalado como un "solucionador" (o fixer) con históricos nexos en los servicios de inteligencia. Su rol ha sido fundamental como apoderado electoral y emisario en negociaciones reservadas para desligar al apellido presidencial de escándalos administrativos.

Un mensaje para la Corte y el Consejo

La misión de la nueva cúpula de Justicia trasciende la gestión diaria. Tendrán en sus manos tareas determinantes para el futuro institucional del país:

Negociar los nombres para la Corte Suprema y la Procuración General.

Impulsar a más de 200 candidatos para los tribunales nacionales.

Marcar la postura oficial en el Consejo de la Magistratura.

En definitiva, la narrativa libertaria de ruptura con el pasado parece haber encontrado un límite en los pasillos de Tribunales. Al rodearse de profesionales del sistema —aquellos que conocen cada resquicio de la ley y el lobby—, el Gobierno apuesta por un esquema de convivencia que garantice silencio y estabilidad, dejando atrás el fragor de la batalla contra "la casta" judicial para integrarse definitivamente a ella.