A solo 20 minutos de iniciado el mensaje del presidente Javier Milei, la representante de "La Neuquinidad" abandonó su banca. El gesto, motivado por el intercambio de agravios entre el oficialismo y la oposición, buscó marcar una distancia frente a la polarización extrema de la política nacional.
El inicio de las sesiones ordinarias 2026 estuvo marcado por una atmósfera de tensión que la senadora Julieta Corroza calificó de "irrespirable". Ubicada a escasos metros del Jefe de Estado, la legisladora neuquina optó por retirarse a su despacho para continuar siguiendo el discurso de forma remota, evitando quedar en medio de una "batalla verbal" que consideró ajena a los intereses de su provincia.
La decisión de Corroza no respondió a una estrategia partidaria, sino a una cuestión de principios institucionales. Tras una jornada intensa que incluyó la apertura de sesiones en la Legislatura de Neuquén junto al gobernador Rolando Figueroa, la senadora viajó a la Capital Federal para cumplir con su mandato, pero se encontró con un escenario de gritos y chicanas cruzadas que opacaron el mensaje presidencial.
"Vengo de una provincia donde el respeto institucional es nuestra forma de convivir. Ese es el mandato que represento", afirmó la senadora tras el episodio.
Corroza subrayó que su responsabilidad es con el pueblo neuquino y que el diálogo democrático debe construirse desde el respeto mutuo, lejos de la lógica de enfrentamiento que dominó el recinto.
El gesto no fue aislado; las senadoras Alejandra Vigo (Córdoba) y Natalia Gadano (Santa Cruz) también abandonaron sus asientos aproximadamente al mismo tiempo, dejando sillas vacías en señal de disconformidad con el nivel de la discusión.
El "fuego cruzado" entre Milei y el kirchnerismo, que incluyó reproches que no llegaron a captar las transmisiones oficiales, funciona como el prólogo de un año electoral que promete ser conflictivo en las cámaras.
Para la senadora de La Neuquinidad, su permanencia en el Congreso debe estar vinculada al trabajo legislativo y no a ser parte de una disputa que, a su criterio, degrada el valor de las instituciones. Con esta postura, la provincia busca diferenciarse del estilo confrontativo que impera en la Capital Federal.
