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El sistema de estadísticas oficiales de la Argentina atraviesa su hora más crítica. Tras seis años de gestión, Marco Lavagna presentó su renuncia a la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Su salida se produce en un clima de creciente sospecha sobre la transparencia de los datos y termina por dinamitar la confianza en el organismo.

El "contrapoder" estadístico de la CGT

Ante lo que consideran una manipulación del costo de vida oficial, la Confederación General del Trabajo (CGT) anunció que se encuentra en plena fase de desarrollo de un índice de inflación propio. La central obrera busca con esto dos objetivos centrales: cuestionar los datos que emanan del Ejecutivo y evitar que los acuerdos salariales sigan perdiendo frente a la inflación "de góndola" que, según denuncian, es muy superior a la informada por el Estado.

Un índice con aval académico

Desde la cúpula sindical, referentes como Cristian Jerónimo señalaron que el nuevo indicador no será meramente político, sino que contará con el respaldo de sectores académicos. "Después del escándalo del INDEC, ¿quién puede creer en el próximo índice?", cuestionaron, enfatizando que muchos trabajadores perdieron poder adquisitivo al confiar en los números oficiales para sus negociaciones colectivas.
Impacto en la Reforma Laboral y los Salarios

Esta movida de la CGT no es solo económica, sino estratégicamente política:

·Reforma Laboral: La central utilizará sus propios datos para resistir el proyecto de flexibilización del Gobierno.

·Fin de la "sumisión" salarial: El nuevo índice pretende dar argumentos técnicos a los gremios tanto públicos como privados para romper con el techo salarial que intenta imponer el Ministerio de Economía.

La renuncia de Lavagna y el surgimiento de mediciones paralelas evocan los periodos más oscuros de la estadística nacional, donde la brecha entre los números oficiales y la realidad del bolsillo se convirtió en el principal eje de la disputa social.