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La Confederación General del Trabajo (CGT) ha decidido redoblar la apuesta contra la agenda legislativa del Ejecutivo. Tras una reunión de su Consejo Directivo, la central obrera ratificó que el próximo miércoles 11 de febrero volverá a movilizarse hacia las puertas del Congreso, coincidiendo con el debate del proyecto de reforma laboral en la Cámara de Senadores.

El objetivo: Presionar la votación "artículo por artículo"

A diferencia de otras protestas, esta movilización tiene una finalidad quirúrgica. Según explicó Andrés Rodríguez (UPCN), la CGT asume que el oficialismo podría obtener una aprobación en general, por lo que la estrategia sindical se centrará en:

·Neutralizar el articulado: Lograr que durante el tratamiento detallado se eliminen o modifiquen los puntos que el gremialismo considera un ataque directo a los derechos laborales.

·Influir en los legisladores: Respaldar a los senadores aliados y "marcar" a aquellos que voten a favor de la iniciativa oficial.

·Defensa del convenio colectivo: Rechazar de plano las negociaciones por empresa que intentan fragmentar el poder de negociación de los sindicatos nacionales.

El camino legislativo y la resistencia

Para la calle Azopardo, la sesión del miércoles no es el final del proceso, sino una "escala" dentro de una estrategia de largo aliento que comenzó en diciembre pasado.

La CGT recuerda que cualquier cambio introducido en el Senado obligará a que el proyecto regrese a la Cámara de Diputados para su sanción definitiva, lo que abre una nueva ventana de tiempo para la presión política y social.
Una pulseada de "alta temperatura"

La central obrera se adjudica haber frenado el tratamiento exprés que el Gobierno pretendía a fin de año. Ahora, con el debate ya instalado en el recinto, apuestan a que el volumen de la protesta en la calle sea el factor determinante que condicione la voluntad de los senadores "indecisos" o de bloques provinciales, buscando desarticular los ejes más polémicos de la reforma antes de que se conviertan en ley.