El sistema de salud nacional enfrenta una de sus crisis más agudas en un punto crítico: el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo. El centro de salud, pionero y referente en la lucha contra el cáncer, opera hoy bajo una asfixia financiera que está obligando a sus profesionales a tomar decisiones dolorosas.
Una barrera para el diagnóstico
La falta de actualización en las partidas presupuestarias (cuyos montos permanecen estancados desde finales de 2024) ha derivado en un cambio drástico en la admisión. Actualmente, la institución se ha visto forzada a cerrar sus puertas a quienes buscan un primer diagnóstico, limitándose únicamente a atender a personas que ya poseen una confirmación médica de su enfermedad.
"Es devastador tener que comunicar que no hay capacidad de atención", expresan desde el hospital, donde los turnos para consultas llegan a tener demoras de hasta 90 días, un tiempo que en patologías oncológicas resulta vital.
Las claves del conflicto
La situación no es un evento aislado, sino el resultado de meses de degradación operativa:
Falta de fondos: La institución funciona con un presupuesto desactualizado frente a una inflación que no da tregua en insumos médicos.
Impacto Federal: El Roffo no solo atiende a pacientes del AMBA; es el destino final de miles de personas que viajan desde el interior del país tras no encontrar respuestas en sus provincias o en el sector privado.
Agotamiento del personal: Tras el abrazo simbólico realizado a mediados de 2025 en Agronomía, los trabajadores denuncian que la salud mental del equipo médico está resentida por la carga ética de negar atención a casos urgentes.
Un sistema al límite
El rol del Roffo suele ser el de "última instancia". Muchos pacientes llegan allí tras ser expulsados del sistema privado por falta de cobertura o tras meses de burocracia estatal. Sin refuerzos presupuestarios inmediatos, este bastión de la medicina argentina corre el riesgo de perder su capacidad de respuesta ante una demanda que, lejos de disminuir, continúa creciendo.
