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El debate sobre el rumbo económico de Argentina ha sumado un nuevo capítulo tras las recientes declaraciones del ministro Federico Sturzenegger. En un contexto marcado por la entrada masiva de productos importados y una notable fragilidad en el sector fabril, el funcionario defendió la flexibilización del comercio exterior como un motor genuino para la creación de puestos de trabajo a mediano plazo.

El modelo de compensación: La visión del Gobierno

Para el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, la apertura no debe leerse como una amenaza, sino como un proceso de rebalanceo macroeconómico. Sturzenegger sostiene que la competencia externa genera un círculo virtuoso: al abaratarse los bienes, aumenta el poder de compra de la población, lo que deriva en una mayor demanda de servicios y empleos en sectores donde el país es más competitivo.

Bajo esta lógica, el desplazamiento de trabajadores en industrias protegidas sería compensado por el crecimiento de las exportaciones. Según el funcionario, el bienestar general aumenta gracias a la baja de precios, y el mercado laboral terminará por estabilizarse en sectores que no requieren de subsidios o aranceles elevados para subsistir.

La realidad de los indicadores: Un tejido industrial bajo presión

Sin embargo, el contraste entre la teoría oficial y las estadísticas laborales de 2025 e inicios de 2026 es pronunciado. Los informes de centros de estudios como el CEPA y cámaras empresariales como Adimra reflejan una caída sostenida en el empleo privado registrado.

Desde finales de 2023, la economía argentina ha perdido cerca de 177.000 puestos formales, con una incidencia alarmante en la manufactura. Se estima que solo en este rubro desaparecieron más de 70.000 empleos, acompañados por el cierre de unas 20.000 empresas —un promedio cercano a las 30 firmas por día—.

Sectores en crisis y el futuro del empleo

La aceleración de este proceso se hizo sentir con fuerza hacia finales de 2025, cuando la industria lideró las bajas mensuales en la ocupación. Sectores sensibles como el textil y la indumentaria enfrentaron un escenario doblemente complejo: una caída en el consumo interno y un aumento explosivo de las importaciones, que en algunos casos superó el 80%.

Mientras sectores estratégicos como la minería, la energía y el agro muestran dinamismo, la incógnita que domina el debate económico es si estos rubros poseen la escala necesaria para absorber la mano de obra desplazada de la industria tradicional. Por el momento, la dinámica predominante es de una transición costosa en términos sociales, donde el beneficio de precios más bajos convive con una contracción significativa de la capacidad instalada y el empleo fabril.