La Jefatura de la Unidad Regional II en Rosario se convirtió este miércoles en el epicentro de un malestar que ya no solo se mide en pesos. Aunque la recomposición de los haberes es un punto clave, la Asamblea de Autoconvocados puso sobre la mesa una problemática urgente: el agotamiento psicológico y el régimen de rotación que separa a los agentes de sus familias.
Bajo la representación legal de Gabriel Sarla, el petitorio dirigido al gobernador Maximiliano Pullaro subraya que el sistema actual de guardias y el desarraigo están rompiendo la estructura emocional de los uniformados. La tragedia le puso nombre propio a la protesta: los recientes fallecimientos de Maximiliano Trujillo y Oscar Valdéz —vinculados por sus allegados al estrés extremo de la fuerza— han encendido las alarmas sobre una ola de suicidios que el Estado aún no logra mitigar.
Mientras la protesta se replicaba en la capital santafesina, la agenda oficial del gobernador se mantenía en Laguna Paiva, marcando un contraste que profundiza la sensación de desamparo en una fuerza que exige, además de sueldo, el derecho al descanso y la salud mental.
