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La realidad socioeconómica del país se encuentra bajo la lupa debido a la convergencia de dos indicadores críticos: la desproporcionada presión fiscal que soportan los eslabones más bajos de la sociedad y el encarecimiento constante de los elementos de primera necesidad. Un análisis de organismos internacionales y los últimos datos oficiales exponen cómo la estructura tributaria profundiza las brechas preexistentes en un escenario de ingresos familiares deprimidos.


La brecha impositiva: Los sectores bajos tributan más que los ricos

Un relevamiento global elaborado por el International Tax Observatory (ITO) enfocado en la matriz fiscal de América Latina encendió las alarmas sobre la profunda regresividad del esquema impositivo local. El documento, expuesto en el ámbito de la Universidad de Buenos Aires (UBA) por el especialista Vicente Silva, demuestra que el esfuerzo fiscal es inversamente proporcional a la capacidad económica de los contribuyentes.

De acuerdo con las conclusiones del estudio, los niveles de tributación real se distribuyen de la siguiente manera:

·Decil de mayores recursos (el 10% más rico): Destina el 25% de sus ingresos al pago de tributos.

·Sectores medios: Soportan una carga que ronda el 29% de sus recursos.

·Estratos de menores ingresos: Terminan transfiriendo hasta el 37% de lo que generan a las arcas estatales, lo que representa una brecha de 12 puntos porcentuales por encima del segmento de alta capacidad contributiva.

Este desequilibrio se fundamenta en la centralidad del Impuesto al Valor Agregado (IVA), que explica casi el 40% de los ingresos públicos totales de la Argentina, frente a un marginal 1,3% aportado por el impuesto a los Bienes Personales. Dado que los hogares vulnerables consumen la totalidad de sus ingresos en la subsistencia diaria, quedan expuestos a una carga impositiva proporcionalmente asfixiante, mientras que los grandes patrimonios logran blindar o diluir sus obligaciones fiscales mediante reinversiones societarias o herramientas financieras globales. Ante esto, el ITO promueve la creación de una tasa mínima del 2% para patrimonios individuales que excedan los USD 100 millones a nivel regional.

Las cifras del Indec: El costo de la subsistencia en abril

En este complejo marco distributivo, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) actualizó las líneas de vulnerabilidad económica para el cuarto mes del año, fijando nuevos techos de ingresos para evitar la marginalidad social.

Bajo los parámetros de un hogar tipo compuesto por cuatro integrantes (dos adultos y dos menores), la Canasta Básica Total (CBT) —que mide la línea de pobreza incluyendo servicios y bienes no alimentarios— experimentó un incremento mensual del 2,5%, situándose en $1.545.872. Por su parte, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina el límite de la indigencia extrema, avanzó un 1,1% para posicionarse en los $665.053. Ambas mediciones arrojaron una variación interanual acumulada del 32,4%.

El peso de los servicios sobre la inflación núcleo

La evolución del costo de vida se dio en sintonía con la inflación general de abril, que marcó una variación mensual del 2,6% y un acumulado del 12,3% en el primer cuatrimestre del año. El propio informe del Indec reflejó que el principal motor del índice general no estuvo en los alimentos de las canastas básicas —cuya evolución se ve parcialmente contenida por la debilidad del consumo interno—, sino en el rubro de los Precios Regulados, que trepó un 4,7% impulsado fuertemente por las tarifas eléctricas y el transporte público.

Asimismo, la inflación núcleo (core) avanzó un 2,3%, presionada de manera sostenida por los costos habitacionales y los alquileres, confirmando que las tarifas y los servicios básicos son los conceptos que mayor porcentaje de los menguados ingresos familiares absorben en la actualidad.