Los últimos datos del Indec, correspondientes al cuarto trimestre de 2025, revelan una brecha cada vez más profunda en la distribución de la riqueza nacional. Según el informe oficial, el umbral para ingresar al selecto 10% de los hogares con mayor poder adquisitivo se ubica hoy por encima de los $3.644.000 mensuales, una cifra que pone de manifiesto la distancia respecto al promedio de la población.
El "techo" de la pirámide: un decil de contrastes
El décimo decil, que agrupa a poco más de un millón de hogares, no es un bloque homogéneo. Si bien el piso de ingreso familiar es de $3,6 millones, el techo registrado en la encuesta alcanza los $25.900.000, con un promedio general de $5.621.438. Esta disparidad interna muestra que, incluso dentro del estrato superior, existen realidades económicas que se multiplican entre sí.
En términos demográficos, este segmento concentra a 3,4 millones de personas (11,6% de la población relevada) y acapara casi el 30% de la masa total de ingresos generada en el país.
Distribución por estratos: la realidad de los sectores medios y bajos
La escala del Indec divide a la sociedad en diez grupos (deciles) de igual tamaño. Al analizar la estructura, se observa una fuerte concentración en los sectores medios y bajos:
·Estrato Superior (Deciles 9 y 10): Con ingresos familiares que parten de los $2.670.000, este grupo promedia los $2,4 millones de ingreso individual.
·Estrato Medio (Deciles 5 a 8): Representa el núcleo de la clase media trabajadora, con ingresos familiares que oscilan entre los $1.200.000 y los $2.670.000. El ingreso medio de este grupo se sitúa en torno a los $940.000.
·Estrato Bajo (Deciles 1 a 4): Es el sector más vulnerable. El primer decil, que reúne al 10% más pobre, sobrevive con un promedio familiar de apenas $374.278, cubriendo apenas una fracción de la canasta básica.
El peso del empleo informal y la brecha de género
El estudio también arroja luz sobre las desigualdades estructurales del mercado laboral. En promedio, los varones percibieron $1.191.364, mientras que las mujeres alcanzaron los $838.336, una diferencia que persiste independientemente de los niveles de capacitación.
Por otro lado, la precariedad laboral se traduce directamente en ingresos: un trabajador con aportes jubilatorios gana, en promedio, $1.321.353, mientras que uno que no realiza aportes percibe menos de la mitad, situándose en los $651.484. Finalmente, la composición del ingreso varía drásticamente según la escala: mientras que en el decil más rico el 87,7% del dinero proviene del trabajo, en el decil más pobre casi el 68% de los recursos provienen de ingresos "no laborales", como ayuda social o jubilaciones.
