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La balanza comercial energética de Argentina enfrenta un escenario crítico. Tras la apertura de sobres de la licitación para el suministro de Gas Natural Licuado (GNL) de 2026, los precios confirmaron el peor de los pronósticos: producto del conflicto bélico en Irán, el valor del gas importado saltó a un rango de entre 24 y 27 dólares por millón de BTU, duplicando el promedio de 12 dólares registrado el año pasado.

Una licitación con pocos jugadores

En este nuevo esquema, donde el Gobierno decidió transferir la gestión de compra de las estatales Enarsa y Cammesa a un operador privado, la competencia fue mínima. Solo dos firmas presentaron ofertas económicas:

·Trafigura: La multinacional se perfila como la ganadora tras presentar la propuesta más baja.

·Naturgy: La trader española quedó en segundo lugar en la compulsa que se adjudicará formalmente el 21 de abril.

El costo total de la operación para este invierno se estima en 1.200 millones de dólares, una cifra que presiona de forma directa el superávit fiscal y las ya exigidas reservas del Banco Central.

El "sobrecosto" de las obras inconclusas

El dato que genera mayor malestar en el sector industrial es que gran parte de este gasto era evitable. La reversión del Gasoducto Norte, una obra estratégica para sustituir importaciones con gas de

Vaca Muerta, permanece incompleta.

A pesar de que el Ejecutivo anunció su inauguración en noviembre de 2024, un año y medio después resta finalizar más del 25% de la traza. Las consecuencias de esta demora son claras:

Dependencia externa: Argentina continúa importando gas desde Bolivia para abastecer al norte del país.

Costo de oportunidad: Finalizar la obra requiere una inversión de 740 millones de dólares. Una sola temporada de importación a los precios actuales (1.200 millones) alcanzaría para pagar la totalidad de los trabajos pendientes y generar un ahorro anual de hasta 2.000 millones de dólares.

Impacto en la producción nacional

La brecha de precios se ha vuelto "insostenible" para la microeconomía. Mientras el gas de producción local se comercializa entre 2 y 4 dólares, el fluido importado llegará a las terminales de regasificación —tras sumar fletes y costos operativos en Escobar— con valores que rozan los 32 dólares.

Para las industrias electrointensivas, esta diferencia es imposible de absorber. "Es un costo que no se puede trasladar a los productos sin quedar fuera del mercado", advierten desde el sector fabril.

En este contexto, el invierno de 2026 se perfila no solo como un desafío energético, sino como un cuello de botella para la competitividad de la industria argentina, atrapada entre la volatilidad de Medio Oriente y la parálisis de la infraestructura doméstica.