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Con el respaldo del Banco Central (BCRA), entidades financieras y cámaras empresariales reactivaron los planes de financiación a largo plazo para la temporada otoño-invierno. La medida busca oxigenar a un sector que registra una contracción cercana al 40% respecto al año anterior, en un escenario marcado por el cierre de locales y la parálisis de las ventas.

La iniciativa del BCRA de reducir los encajes bancarios apunta a inyectar liquidez y abaratar el crédito interno. En este marco, diversas entidades lanzaron promociones agresivas: el Banco Nación ofrece hasta 20 cuotas sin interés en rubros como tecnología y hogar, mientras que plataformas digitales como Mercado Pago implementaron esquemas de hasta 24 cuotas sin interés en una amplia gama de marcas.

Desde la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), su presidente Claudio Drescher calificó la medida como un "manotazo de ahogado" ante la crítica situación del mercado. Según datos de la entidad, entre 2024 y 2025 ya han cerrado sus puertas 1.644 comercios minoristas y casi 3.000 empresas vinculadas a la cadena de valor textil.
Desafíos financieros y morosidad récord

A pesar del incentivo que representa la vuelta de las cuotas, el sector advierte sobre obstáculos estructurales que limitan el impacto de la medida:

Costos de financiación: Las empresas deben absorber un costo financiero cercano al 20%, lo que reduce drásticamente su rentabilidad al no poder trasladar ese gasto a precios en un contexto de nula demanda.

Niveles de incobrabilidad: Se reporta que las tarjetas de crédito atraviesan el nivel de morosidad más alto de las últimas dos décadas, lo que genera cautela tanto en consumidores como en emisores.

Situación de las Pymes: La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) señaló que estas facilidades no son una constante en los pequeños comercios, ya que no existe un programa estatal unificado y cada local debe negociar sus propias condiciones.

Para los referentes industriales, si bien el crédito es una herramienta necesaria, el problema de fondo reside en la pérdida del poder adquisitivo. Mientras los ingresos familiares continúen rezagados frente a la inflación, la financiación por sí sola no alcanzará para revertir la crisis estructural de consumo que afecta al país.