Imagen
La crisis del consumo y el encarecimiento de la estructura de costos golpearon de lleno a un gigante de la industria cárnica argentina. La planta del Frigorífico Pico, propiedad de la familia Lowenstein (históricos fundadores de la marca Paty), detuvo por completo su faena ante la caída del consumo interno y el aumento de los costos operativos. La medida afecta de forma directa a 450 operarios, quienes han sido licenciados bajo un esquema de emergencia ante la imposibilidad de la firma de mantener la operatividad.


Desequilibrio financiero y deuda millonaria

La situación de la empresa no solo responde a la coyuntura del mercado, sino a un complejo frente financiero interno:

·Pasivo bancario: La firma arrastra una deuda estimada en 9.000 millones de pesos. Actualmente, el Banco de La Pampa mantiene estas cuentas bajo una vigilancia rigurosa debido al riesgo de morosidad.

·Conflicto con proveedores: El intendente de Trenel, Horacio Lorenzo, alertó sobre los compromisos impagos con los productores de hacienda locales, lo que ha quebrado la cadena de confianza en la región.

Efecto derrame en la economía local

La parálisis en Trenel trasciende las puertas de la planta. Al ser el principal motor económico de la zona, el cese de actividades ha generado un "efecto dominó" que golpea a comercios y prestadores de servicios que dependen del flujo de ingresos que genera el frigorífico.

El futuro de la planta: ¿Venta o alquiler?

Para mitigar el impacto social, la empresa pactó con los trabajadores el pago de una suma fija de 500 mil pesos y el mantenimiento de la entrega de mercadería mientras dure el parate. No obstante, el rumor de una posible venta o arrendamiento a un nuevo grupo inversor cobra fuerza como la única vía para retomar la producción en el corto plazo y salvar los puestos de trabajo.