En medio de una tregua incierta, el Comité Ejecutivo se reunirá para decidir el futuro de la próxima fecha. El conflicto, que enfrenta a la dirigencia deportiva con el Gobierno nacional por una millonaria denuncia fiscal, mantiene paralizados todos los torneos del país.
BUENOS AIRES – El fútbol argentino atraviesa una de sus crisis institucionales más agudas de los últimos años. Mientras concluyen los últimos encuentros de la séptima jornada del Torneo Apertura, todas las miradas están puestas en la sede de la calle Viamonte. Este martes, pasado el mediodía, la cúpula de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se reunirá de urgencia para determinar si levanta o ratifica la medida de fuerza programada para el próximo fin de semana.
El origen de la parálisis: Deuda vs. Presión Política
La decisión de frenar la pelota durante cuatro días no fue deportiva, sino una respuesta directa a la ofensiva de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). El organismo gubernamental investiga una supuesta deuda impositiva y de aportes previsionales no liquidados entre 2024 y 2025.
Desde el entorno de Claudio "Chiqui" Tapia, la defensa es tajante:
·Argumento técnico: Sostienen que no existen obligaciones impagas y que todos los tributos se cancelaron en tiempo y forma.
·Argumento político: La dirigencia interpreta la denuncia como una herramienta de presión del Ejecutivo para forzar la implementación de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), modelo que la mayoría de los clubes socios de la AFA rechaza de manera orgánica.
¿Se juega el fin de semana?
A pesar de que el conflicto de fondo está lejos de una solución, en las últimas horas ha ganado fuerza la posibilidad de una flexibilización. Allegados a la entidad madre del fútbol sugieren que la reunión de este martes podría derivar en una "suspensión temporal" del paro para no afectar el calendario ni el financiamiento de los clubes, aunque manteniendo el "estado de alerta".
Por ahora, la incertidumbre reina tanto en la Liga Profesional como en las categorías del Ascenso. La dirigencia busca marcar un límite político frente a lo que consideran una intromisión estatal, pero la presión de la televisión y de los propios socios por ver rodar la pelota podría inclinar la balanza hacia la reanudación de los torneos.
