Tras una exhaustiva investigación de ocho años, un equipo de especialistas del Hospital Italiano de Buenos Aires ha desarrollado una técnica de bioingeniería de tejidos que permite la regeneración de piel propia para tratar lesiones críticas. El avance, denominado cultivo autólogo dermo-epidérmico, representa una solución definitiva para pacientes con quemaduras profundas o úlceras de difícil cicatrización, eliminando el histórico problema del rechazo inmunológico.
El fin de la dependencia de materiales externos
Hasta el desarrollo de esta alternativa, los profesionales de la salud dependían de apósitos sintéticos, piel de origen animal (xenoinjertos) o tejidos de donantes fallecidos (aloinjertos) para cubrir heridas graves. Si bien estos métodos funcionan como parches temporales, no logran recuperar la funcionalidad completa del órgano cutáneo.
El Dr. Luis Mazzuoccolo, jefe de Dermatología de la institución, destacó la importancia de sustituir rápidamente la dermis en quemaduras de tercer grado para evitar la pérdida de elasticidad y sensibilidad, factores que pueden comprometer gravemente la salud del paciente.
Un proceso de precisión en cuatro etapas
El éxito de este procedimiento radica en su origen: se utilizan exclusivamente componentes del propio paciente para crear el tejido.
1.Extracción: Se toma una muestra mínima de piel de la zona inguinal, elegida por su excelente capacidad de cicatrización.
2.Cultivo Celular: El fragmento se desarrolla en un medio de plasma rico en plaquetas del mismo individuo. Este paso es crucial, ya que los factores de crecimiento propios garantizan que no existan reacciones alérgicas o infecciones por agentes externos.
3.Aplicación (Autoinjerto): Entre los 10 y 17 días de iniciado el proceso, la nueva lámina de piel se coloca sobre la zona afectada y se protege con vendajes específicos.
4.Recuperación Total: La regeneración se considera finalizada cuando la última capa de la piel se completa, un proceso que demora entre uno y cuatro meses.
Resultados: Más que una mejora estética
La técnica no solo ha demostrado ser segura, sino que supera ampliamente en rendimiento a los sustitutos comerciales. En las primeras experiencias clínicas, los resultados han sido contundentes:
·Elasticidad superior: El tejido recuperado alcanza un 95% de su elasticidad natural, superando el 75% que ofrecen las pieles artificiales.
·Seguridad biológica: Al ser un procedimiento autólogo, el riesgo de rechazo es inexistente.
·Accesibilidad: El desarrollo local de esta tecnología permite reducir drásticamente los costos operativos frente a los insumos importados.
·Mínima invasión: La toma de la muestra inicial es un proceso ambulatorio que requiere únicamente anestesia local.
Este logro de la ciencia argentina posiciona al país a la vanguardia de la bioingeniería, ofreciendo una esperanza real y accesible para la recuperación de pacientes con daños severos en la piel.
