Lo que comenzó como un relato viral sobre un supuesto escándalo de exhibicionismo en un vuelo internacional ha dado un giro radical hacia los tribunales.
Los dos pasajeros demorados al aterrizar en el Aeropuerto Internacional Rosario denuncian que la acusación de haber mantenido relaciones sexuales en primera clase fue un invento de la tripulación.
Según la versión de los involucrados, el conflicto real fue una agria disputa por el servicio de a bordo, específicamente tras la negativa de una azafata a servir un vaso de whisky.
Tras el altercado verbal, la trabajadora habría acusado al pasajero ante el comandante por actos obscenos, arrastrando en la denuncia a su acompañante, quien asegura que solo se despertó para intentar mediar en la discusión.
Los afectados presentarán este martes una contradenuncia formal, apuntando no solo a la azafata por falso testimonio, sino también al accionar de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y al comandante del vuelo.
Los denunciantes alegan haber sufrido horas de incomunicación y un daño irreparable a su imagen pública por un hecho que, afirman, nunca sucedió.
