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Un reciente informe basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (Indec) pone de manifiesto un cambio estructural en el mercado laboral argentino: cada vez más personas mayores de 65 años se ven obligadas a permanecer activas o reinsertarse en el mundo del trabajo. Desde 2016, este segmento poblacional experimentó un incremento en la ocupación del 32,6%, una cifra que duplica el 17,8% registrado en el crecimiento del empleo total durante el mismo lapso.

Causas del fenómeno: Inflación y haberes estancados

El análisis, elaborado por la consultora Politikon Chaco, vincula este comportamiento directamente con la pérdida de poder adquisitivo de los pasivos. El escenario actual combina varios factores críticos:

·Aceleración de precios: El impacto inflacionario acumulado hasta el primer trimestre del año golpeó con dureza los ingresos fijos.

·Bonos congelados: La falta de actualización en los refuerzos previsionales por más de 24 meses dejó a los haberes mínimos por debajo de la canasta básica.

·Necesidad de complemento: Para muchos hogares de la tercera edad, la jubilación ya no representa un sustento suficiente, transformándose en un ingreso que debe ser obligatoriamente reforzado con una actividad laboral.

De la estadística a la realidad local

Este fenómeno estadístico tiene su correlato en casos concretos de la región bonaerense. Un ejemplo reciente es el del frigorífico Cabaña Don Theo, en Moreno, cuya situación sacó a la luz la vulnerabilidad de los adultos mayores que intentan sostener su economía doméstica en un contexto de estancamiento de ingresos y encarecimiento del costo de vida básico.

La brecha entre el crecimiento del empleo en mayores de 65 años y el resto de la población ocupada confirma que, para este sector, el trabajo no es solo una opción de envejecimiento activo, sino una estrategia de supervivencia financiera.