Imagen
Lo que comenzó como un aviso clasificado el domingo terminó convirtiéndose en una de las imágenes más crudas de la realidad socioeconómica actual. En la localidad bonaerense de Moreno, el llamado de un frigorífico para cubrir vacantes se transformó en una movilización masiva de más de dos mil personas que, desafiando una lluvia incesante, formaron una columna humana de un kilómetro de extensión.

El desborde de la oferta y la demanda

La convocatoria, que inicialmente buscaba perfiles diversos —desde administrativos y personal de marketing hasta choferes y operarios de limpieza—, superó cualquier previsión de los propietarios. Para el mediodía del miércoles, ya se habían realizado 600 entrevistas relámpago, mientras la policía intentaba ordenar una fila que ya no cabía en las veredas linderas.

Carolina, una de las dueñas del emprendimiento, no ocultó su angustia ante la magnitud del evento. "Es tristísimo ver tanta gente, me pone mal. Es impresionante. Nosotros podemos contribuir con un par de puestos, pero es muy triste lo que pasa. Me pone mal, no te pone contento", confesó, evidenciando el contraste entre la necesidad de su negocio y la desesperación de una multitud que superaba con creces los puestos disponibles.

Rostros de la crisis: entre el cuentapropismo y la pérdida

Detrás de los currículums protegidos con folios de plástico para evitar la lluvia, se multiplicaban las historias de un mercado laboral que expulsa y precariza. Entre los aspirantes se encontraban:

·Exempleados del sector salud: Profesionales que perdieron su puesto en clínicas privadas.

·Trabajadores informales: Vendedores ambulantes de alimentos y conductores de aplicaciones que buscan la seguridad de un salario fijo.

·Desocupados de larga data: Jóvenes que, pese a trabajar desde la adolescencia, aseguran que nunca antes habían visto este nivel de competencia por una vacante.

Un reclamo con trasfondo político

La fila no fue solo un espacio de espera, sino también de catarsis. Entre los testimonios recogidos por la prensa, el descontento social apuntó directamente a la gestión económica nacional. "Esto es para que el Gobierno vea la cantidad de desocupados que hay", reclamó una mujer que pasó la noche a la intemperie.

El diagnóstico de los postulantes coincidió en un punto: el fenómeno ya no es excepcional. La postal de Moreno se suma a una serie de convocatorias similares en distintos puntos del país, donde la caída del poder adquisitivo y el freno de la actividad económica empujan a miles de personas a situaciones de espera extrema por la mínima posibilidad de un empleo estable.