En el marco del acto por el 24 de Marzo, la palabra de Juan Manuel Pincheira, hijo del desaparecido Miguel Ángel Pincheira, conmovió a los presentes al revelar el origen íntimo de esta iniciativa: la necesidad de reconstruir un vínculo roto por la dictadura a través de la escritura.

Un monumento nacido del recuerdo

Juan Manuel explicó que la creación de este espacio de memoria no fue un hecho azaroso, sino una búsqueda personal para mantener presente la figura de su padre y, en él, la de todos los compañeros que fueron víctimas del terrorismo de Estado.

"El Monumento surgió a partir de una iniciativa personal que tenía de poder traerlo en la memoria a mi viejo y en él a todos los compañeros desaparecidos", señaló Pincheira, quien tenía apenas un año y dos meses cuando se llevaron a su padre. Ante la imposibilidad de conocerlo físicamente, las cartas se convirtieron en su único puente: "Lo que me quedó de él fueron sus palabras".

"Estoy allí y tú lo sabes"

Uno de los momentos más profundos de la jornada fue la lectura de una carta enviada por Miguel Ángel a su esposa mientras se encontraba detenido. En sus líneas, se percibe la lucha interna entre la desesperación de la reclusión y la fuerza de la esperanza.

"Siento que este cuerpo mío me engaña, en su confusión mi alma se escapa por esa alta ventana poblada de barrotes y llega hasta vos", leyó Juan Manuel con voz firme.

En la misiva, Miguel Ángel recordaba con nostalgia el crecimiento de su hijo y la tristeza de la distancia: "¿Qué grande debe estar Juan Manuel? Qué triste es estar tan lejos". El texto rescatado del archivo familiar describe una presencia casi mística del padre ausente en la vida cotidiana: "Lloro porque no me ves, pero estoy allí y tú lo sabes... estoy en tu peine, en tus pasos, en la pelu, en mi madre y cómo no estar en el llanto angelical de Manolito".

Memoria contra el olvido

Para Juan Manuel Pincheira, rescatar estos escritos es una forma de otorgarle identidad y humanidad a quienes el Estado intentó borrar. La carta, escrita desde una situación de extrema vulnerabilidad, cierra con una reflexión sobre la fe y la resistencia: "Mi pensamiento me impone la esperanza y una gran fuerza interior me asalta, me induce a creer más en Dios".

La lectura, se planteó como el testimonio vivo de un hijo que logró encontrar a su padre entre los renglones de una carta vieja.