Las Madres de Plaza de Mayo surgieron en 1977 como un movimiento de mamás que se encontraban en comisarías, juzgados, hospitales y ministerios buscando a sus hijos desaparecidos durante la dictadura militar argentina. Al no recibir respuestas, decidieron organizarse y tomar acción colectiva.
Origen y contexto
El movimiento nació en abril de 1977, durante la dictadura cívico-militar de Jorge Rafael Videla, cuando un grupo de 14 mujeres comenzó a reunirse en la Plaza de Mayo de Buenos Aires para exigir información sobre sus hijos desaparecidos por el régimen. Inicialmente, las madres se encontraban en comisarías, tribunales, iglesias y hospitales, buscando pistas sobre sus hijos, hasta que decidieron organizarse colectivamente en la plaza. La primera reunión significativa tuvo lugar el 30 de abril de 1977, marcando el inicio de sus marchas y acciones públicas.
Con el tiempo, el grupo creció y se fortaleció, a pesar de la persecución y las amenazas. Algunas de las fundadoras, como Azucena Villaflor, fueron secuestradas y desaparecidas. La represión contra las Madres incluía allanamientos en sus casas, amenazas telefónicas y la infiltración de agentes en sus reuniones. Sin embargo, su resistencia se adaptó: comenzaron a circular en pequeños grupos, a utilizar códigos para comunicarse y a registrar cada detalle de sus actividades en documentos ocultos. Su capacidad para organizarse en la clandestinidad fue fundamental para preservar su movimiento. Además, el apoyo internacional que recibieron las protegió en cierta medida, ya que su lucha ya era conocida mundialmente, y su desaparición habría generado un escándalo mayor.
Para identificarse como grupo, las madres adoptaron el pañuelo blanco en la cabeza, inspirado en los pañales de sus hijos, y comenzaron a realizar rondas alrededor de la Pirámide de Mayo todos los jueves a las 15:30. Estas acciones les permitieron visibilizar su reclamo pese a la censura mediática y la represión estatal, incluyendo secuestros y amenazas.
Esther Ballestrino de Careaga, a María Eugenia Ponce de Bianco y a Azucena Villaflor de Devincenti, tres de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, fueron secuestradas entre el 8 y 10 diciembre de 1.977
El 20 de diciembre de 1977 comenzaron a aparecer cadáveres provenientes del mar en las playas de la provincia de Buenos Aires a la altura de los balnearios de Santa Teresita y Mar del Tuyú. Los médicos policiales que examinaron los cuerpos registraron que las causas de las muertes habían sido “el choque contra objetos duros desde gran altura”.
En otras palabras, a esas personas las habían tirado al mar desde un avión cuando todavía estaban vivas. Nadie intentó identificar los restos, que fueron enterrados como “NN” en el Cementerio de General Lavalle. Recién en enero de 2005, el Equipo Argentino de Antropología Forense logró una orden para exhumar esos cadáveres y pudo identificarlos.
Con el retorno de la democracia en 1983, las Madres de Plaza de Mayo continuaron su lucha, ahora en un nuevo contexto político. Su persistencia fue fundamental para que se llevaran a cabo los juicios a los responsables de crímenes de lesa humanidad, como el histórico Juicio a las Juntas en 1985. Además, su trabajo permitió la recuperación de nietos apropiados durante la dictadura, gracias a la labor de las Abuelas de Plaza de Mayo.
