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La falta de empleo y la debilidad del peso argentino transformaron una migración estacional histórica en una necesidad urgente. En Brasil, una quincena de trabajo puede rendir hasta cinco veces más que en Argentina.


Lo que durante años fue un intercambio tradicional en la frontera entre Misiones y Brasil se ha convertido hoy en un fenómeno masivo impulsado por la supervivencia económica.

En pasos fronterizos como el de Alba Posse - Porto Mauá, el flujo de argentinos que cruzan para trabajar en las zafras brasileñas no se detiene, motivado por una realidad cruda: la diferencia cambiaria permite ahorrar en semanas lo que en el país llevaría meses conseguir.

El circuito de las temporadas: uva, manzana y construcción

El destino predilecto es la región de Caxias do Sul, un polo agrícola que ofrece empleo encadenado durante gran parte del año. Los testimonios coinciden en una hoja de ruta clara: se empieza con la cosecha de uva, se sigue con la manzana o la pera y, para quienes buscan un ingreso mayor, el salto final es hacia la industria de la construcción.

"En Posadas no hay plata y en lugar de contratar, echan gente", relata Jorge Malisca, uno de los tantos trabajadores que optó por el cruce. Según explican los operarios, el esquema es atractivo no solo por el sueldo, sino por la logística: las empresas suelen cubrir alojamiento y todas las comidas, permitiendo que el salario se mantenga íntegro para el ahorro.

La brecha salarial: un millón de pesos en 15 días

El motor principal de este movimiento es la rentabilidad. Los trabajadores detallan una comparativa que deja en evidencia la crisis local:

·En Argentina: Una quincena promedio en el sector informal o agrario ronda los $300.000 a $400.000.

·En Brasil: Por el mismo período, gracias al cambio del real al peso, un trabajador puede regresar con casi $1.500.000.

Esta ventaja permite que muchos misioneros logren "limpiar" deudas o sostener a sus familias por el resto del año con solo unos meses de labor intensa en el país vecino. "Nadie quiere irse definitivamente, tenemos la familia allá, pero cuando no alcanza hay que salir", coinciden.

Trabajo garantizado, pero con recaudos

A pesar de que aseguran que en Brasil "hay trabajo de sobra", los veteranos de la frontera lanzan una advertencia clave para los nuevos: no cruzar sin un contacto previo. La recomendación es viajar solo si ya existe un acuerdo con un capataz o conocido, para evitar quedar varados ante promesas incumplidas.

Mientras las jornadas de 10 u 11 horas bajo el sol siguen siendo el estándar del cosechero, la satisfacción de volver a casa con el bolsillo lleno parece compensar el esfuerzo. En un contexto de recesión, la frontera con Brasil se consolida como la válvula de escape para miles de trabajadores que ya no encuentran en el mercado interno una salida viable.