En una nueva conmemoración del Día Mundial de los Humedales, la agenda ecológica global ha puesto el foco en un actor clave: los glaciares. Bajo la premisa de la organización Wetlands International LAC, se busca redefinir a estas masas de hielo no solo como paisajes escénicos, sino como componentes dinámicos y fundamentales de la red hídrica mundial.
Reguladores naturales: El ciclo de la vida en la montaña
Los glaciares funcionan como gigantescos depósitos estratégicos de agua dulce. Su rol trasciende la mera acumulación; actúan como amortiguadores hídricos:
·En épocas de sequía: Cuando las lluvias escasean, el derretimiento controlado de los glaciares garantiza el caudal de los ríos.
·Sustento productivo: Este flujo constante es el motor de la agricultura de montaña y el suministro vital para poblaciones urbanas enteras.
La conexión con los humedales de altura
La salud de un glaciar impacta directamente en los humedales altoandinos, como los bofedales. Estos ecosistemas funcionan como esponjas que retienen el agua proveniente de las cumbres. Si el glaciar retrocede excesivamente, se produce un efecto dominó:
1.Desbalance: Los bofedales pierden su fuente de humedad constante.
2.Degradación: La capacidad del suelo para filtrar y liberar agua lentamente se agota.
3.Vulnerabilidad: Las comunidades aguas abajo enfrentan riesgos de escasez extrema y desastres naturales.
Un ecosistema bajo asedio
La integridad de estos reservorios está amenazada por dos frentes: el calentamiento global y la actividad industrial (específicamente la minería de alta montaña y la infraestructura no planificada). Los especialistas subrayan que la pérdida de masa glaciar es irreversible a escala humana, lo que compromete la seguridad hídrica de las próximas generaciones.
Hacia una gestión integral
El llamado a la acción propone tratar al entorno periglaciar como un sistema único. Esto implica:
Leyes que impidan intervenciones físicas en las zonas de hielo y sus bordes.
Reconocer que el agua que bebemos hoy comenzó su viaje como nieve en una cima hace décadas.
Proteger los glaciares no es solo una cuestión estética; es una póliza de seguro contra la crisis climática y la base de la supervivencia en vastas regiones del continente.
