Lo que comenzó como una historia de amor convencional terminó en un escándalo de proporciones digitales y un auto vandalizado. Durante meses, una pareja convivió en lo que parecía ser una armonía perfecta, hasta que la realidad política del país se filtró por las grietas de la privacidad.
Ella, una activa militante de La Cámpora, descubrió que el hombre con el que compartía su vida no solo no compartía sus ideales, sino que se encontraba en el espectro opuesto: el libertarismo.
El joven había construido una fachada de neutralidad o coincidencia para evitar el conflicto, sabiendo que su adhesión a las ideas de Javier Milei sería un obstáculo insalvable. Sin embargo, el "crimen" fue un descuido en redes sociales: un corazón en una publicación del líder libertario.
Ese pequeño gesto técnico fue el hilo del que ella tiró hasta desarmar toda la mentira. La indignación por la "traición ideológica" no se quedó en una charla de café; la joven selló el final del romance con un mensaje pintado sobre el vehículo de su ahora ex pareja, dejando en claro que en la Argentina de hoy, el proselitismo y el amor difícilmente caminan de la mano si no hay honestidad de base.
