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El aniversario del asesinato de Fernando Báez Sosa vuelve a colocar el caso en el epicentro de la atención pública. Mientras su madre, Graciela Sosa, utiliza las redes sociales para mantener viva la memoria de su hijo y exigir que las condenas queden firmes, la realidad dentro del penal de Melchor Romero se torna cada vez más hostil para los rugbiers, especialmente para Máximo Thomsen.

Graciela Sosa: "Que todos seamos la voz de Fernando"

Atravesada por un dolor que no prescribe, Graciela Sosa realizó una serie de posteos conmemorativos que rápidamente se volvieron virales. En ellos, no solo recordó el amor por su hijo, sino que lanzó un reclamo directo al sistema judicial: que se ratifiquen las condenas de los ocho responsables.

"Pronto debe quedar firme la condena por Fernando", expresó Graciela, quien convocó a una misa en la Parroquia Santísimo este domingo a las 19:30. Para la sociedad argentina, su figura se ha consolidado como un emblema de resiliencia frente a la violencia extrema que le arrebató a su único hijo en aquel enero de 2020 en Villa Gesell.

El "efecto Netflix": Thomsen, aislado tras una pelea en el penal
Mientras la familia reza, la convivencia de los condenados en la Unidad Penitenciaria de Melchor Romero ha sufrido una ruptura drástica. Máximo Thomsen, uno de los condenados a perpetua, fue protagonista de un violento altercado el pasado 12 de octubre que derivó en su aislamiento preventivo.

El motivo de la agresión por parte de otro recluso sería el reciente lanzamiento del documental “50 segundos: el caso Fernando Báez Sosa”. La decisión de Thomsen de ofrecer su testimonio ante las cámaras generó un fuerte rechazo en la población carcelaria:

·Ruptura de códigos: La visibilidad mediática es vista con recelo dentro de las cárceles, ya que altera las jerarquías y dinámicas internas.

·Celos y fricciones: La notoriedad que Thomsen buscó para dar "su versión" fue interpretada como una provocación por otros internos.

·Protocolo de seguridad: El Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) debió intervenir para evitar represalias mayores, dejando al joven de 25 años en una situación de extrema vulnerabilidad y soledad.

El peso de la condena firme

El escenario judicial se encuentra en una etapa definitoria. El pedido de Graciela Sosa resuena en un momento donde la defensa de los rugbiers intenta agotar recursos para reducir las penas. Sin embargo, el repudio social y los incidentes dentro de la cárcel muestran que, a seis años de la tragedia, el caso sigue siendo una herida abierta que exige un cierre jurídico definitivo.