La crisis ígnea en el noroeste de Chubut sumó un nuevo capítulo de tensión este martes. Tras un breve alivio por las lluvias del fin de semana, el foco situado en las laderas del Lago Epuyén recobró fuerza, mostrando columnas de fuego que superan la densidad del humo. Hasta el momento, el reporte oficial estima una pérdida de más de 12.000 hectáreas de vegetación nativa e implantada.
Estado de situación: Focos activos y controlados
El despliegue de los servicios de emergencia ha logrado avances significativos, aunque los frentes más agresivos persisten:
·Focos totales: Se registraron 32 desde el inicio del evento.
·Focos bajo control: 22 ya han sido contenidos.
·Zonas críticas: Los esfuerzos se concentran ahora en Epuyén, El Hoyo y Puerto Patriada, donde las llamas presentan mayor resistencia.
Desafíos logísticos: Un combate "cuerpo a cuerpo"
La geografía del área se ha convertido en el principal enemigo de los brigadistas. La combinación de pendientes pronunciadas y bosques cerrados impone condiciones extremas:
·Acceso limitado: Ante la imposibilidad de usar vehículos, las cuadrillas caminan hasta 5 km con herramientas pesadas o acceden vía lacustre mediante gomones desde Puerto Patriada.
·Clima adverso: Las altas temperaturas y el viento actúan como aceleradores del fuego, complicando las maniobras aéreas y terrestres.
Recursos desplegados en la zona
El operativo cuenta con un sistema de colaboración interprovincial y nacional:
·Personal: 295 brigadistas en línea de fuego (incluyendo el Etac de Córdoba y el Servicio Nacional de Manejo del Fuego).
·Apoyo aéreo: Helicópteros del Ejército, drones de monitoreo y dos aviones hidrantes que realizan la carga de agua directamente en el Lago Epuyén.
·Infraestructura: Equipos de Servicios Públicos trabajan para reparar el tendido eléctrico dañado en Epuyén y Cholila, donde se reportaron cortes de suministro.
Marco legal y riesgos persistentes
El Gobierno Provincial ha ratificado que buscará las penas máximas —de hasta 20 años de cárcel— para quienes resulten responsables de iniciar focos de manera intencional.
Aunque el índice de peligrosidad descendió de "extremo" a "alto", la preocupación no cede. Los expertos advierten que las precipitaciones recientes fueron superficiales, lo que mantiene latente el riesgo de incendios subterráneos que podrían emerger ante el regreso del calor y la sequía.
